PRÓLOGO


 

 

Es cierto que la provincia de Almería es la joya natural del Viejo Continente, la capital europea de la biodiversidad. Y es debido de una parte a su situación geográfica y climática, su proximidad al continente africano y su extrema aridez, que le ha dotado con el mayor número de endemismos por unidad de superficie de toda Europa y de otra, a su distanciamiento, a su aislamiento -debido a las pésimas comunicaciones- del resto de España y de la Europa industrial o “desarrollada”, hasta bien entrado el siglo XX. Este “subdesarrollo” ha permitido a mi generación conocer una provincia donde a la cima de las sierras había que subir a pie (o en borrico, si llevabas carga pesada), conocer y disfrutar de la mayor franja costera virgen de toda Europa o llegar a la mayoría de los cortijos e incluso a algunos pueblos utilizando las ramblas como mejor vía de acceso.

Seis almerienses de una generación más joven, conocedores y entusiastas de esta tierra nos presentan en esta “Guía del Patrimonio Natural Almeriense” una completa información sobre el espacio natural que nos rodea. Desde la lectura del índice este libro se muestra atractivo: se trata de un índice irregular con un adjetivo para cada ambiente y con la introducción de un elemento emblemático en cada zona: rocas, flores, reptiles, aves, peces o unas mariposas. Pero esta aparente irregularidad enmascara un trabajo rigurosamente ordenado que, dejando a un lado el tentador listado exhaustivo de fauna, flora y rocas a que tan dados son estos estudios (éste aparece como apéndice), proporciona una completa imagen del medio ambiente de esta provincia. De inmediato consiguen situar al lector en cada enclave a través de una clara y concisa descripción del paisaje y de los aspectos climáticos y geológicos. Las comunidades de flora y fauna le van adentrando en los valores biológicos y medio ambientales, saciando nuestra curiosidad con información detallada sobre esos elementos emblemáticos: crónicas de la gaviota de Audouin o de la malvasía cabeciblanca, de cómo su presencia en Almería se ha ido incrementando en los últimos años, rocas propias del cabo de Gata o quienes pueden observar desde los telescopios de Calar Alto.

Poco habituales en este tipo de publicaciones son las referencias históricas. Es quizás por ello que lo que más me ha sorprendido son los relatos y consecuencias ambientales de nuestros antepasados en el área que describen. Esta faceta, que en una visión inicial pudiera parecer que no tiene una estrecha relación con el medio ambiente, resulta imprescindible si consideramos que cualquier zona comarca, Parque Natural, o villa y sus pobladores han sido el resultado de la evolución conjunta de todos ellos, de una adaptación mutua, en la cual los avatares históricos y económicos han determinado el paisaje y estado actual de los hábitats. Los asentamientos humanos del Paleolítico y Eneolítico en el desierto de Tabernas, de visigodos en Sierra Alhamilla, en nazaríes de Huebro, el devastador “siglo minero” o los actuales cultivos de invernadero conducen al lector a una realidad social que los autores exponen con objetividad. Y para aquello que les resulta inapropiado no se limitan a exponerlo -con cierta dosis de humor o ironía- sino que profundizan en su análisis y finalmente proponen actuaciones alternativas.

Añadir rutas o itinerarios de interés convierten a este libro en un acompañante imprescindible, en un pasajero permanente de nuestro vehículo -ahora que ya no es necesario el borrico para desplazarse por la geografía almeriense-, pasajero o compañero al que recurriremos con más frecuencia de la que en principio podamos pensar.

Todos los ambientes descritos van acompañados de un material gráfico impresionante: más de 400 fotografías de excelente calidad, muchas de ellas de los propios autores, nos muestran desde ambientes prehistóricos hasta la Vía Láctea, desde rocas volcánicas hasta habitantes submarinos (incluidos galeones hundidos), aves, reptiles, peces, anfibios, mamíferos y numerosos endemismos de la flora de esta provincia. La muestra gráfica por sí sola se podría considerar como un nuevo libro.

Y para que el lector se sitúe “administrativamente”, informan sobre el régimen de protección en que se encuentra cada enclave, proporcionando además un anexo sobre legislación ambiental.

Los anexos animarán también a no tener miedo a las actividades al aire libre (nos acompañan información sobre los primeros auxilios a proporcionar frente a picaduras ponzoñosas o heridas), a saber donde dirigirse para cualquier consulta en relación con el medio ambiente (direcciones de interés) o a completar información (fuentes documentales y bibliografía).

Como los propios autores pretenden -según indican en su introducción- han conseguido un “texto de fácil lectura y comprensión”, ameno y divulgativo “a pesar de no haber renunciado al rigor científico”, y que a la vez resulta “tremendamente variado”. Será un libro indicado para todos aquellos que disfrutan de esta provincia -moradores habituales o visitantes estacionales- y que pasarán de admirarla a conocerla a fondo y, en consecuencia, a quererla y a disfrutarla más y mejor.

 

Mar Cano Pérez

Doctora en Biología. Consejo Superior de Investigaciones Científicas