El Fartet: un "pequeño gran" pez


El fartet (Lebias ibera) es una especie protegida a nivel nacional (Macho de la especie). Una de las especies más singulares que incluye la fauna almeriense es el fartet. Su nombre científico ha sido hasta hace poco Aphanius iberus, aunque actualmente se le denomina Lebias ibera en honor a la primera persona que lo catálogo. La especie existente en las marismas del Guadalquivir se ha diferenciado, recientemente, a nivel taxonómico de la anterior. Este pequeño pez, cuyo nombre común es de origen valenciano y hace referencia a su voracidad, pertenece al orden de los ciprinodontiformes. Presenta un acentuado dimorfismo sexual que hace fácilmente distinguibles a las hembras y a los machos.

Las primeras, de mayor tamaño y que raramente superan los 4 cm de longitud, presentan un cuerpo plateado y moteado por manchas oscuras de múltiples formas. Los machos, ostensiblemente más pequeños, poseen una línea más estilizada; sobre su cuerpo destacan bandas verticales de color oscuro que aparecen también en las aletas, siendo muy visibles en la caudal.

La población ibérica del fartet ocupa unos pocos aguazales del levante y Sudeste peninsular, donde antaño debió ser especie muy común y abundante en las desembocaduras de los ríos, marismas, albuferas y, en general, en las zonas húmedas litorales. La población actual aparece muy fragmentada en diferentes núcleos lo que ha contribuido a potenciar una elevada diversificación genética, que ha inducido a plantear hipótesis acerca de la existencia diferentes subespecies. Sin embargo, actualmente se considera que la población del levante y la del Sudeste peninsular corresponden a una sola, que presenta una gran variabilidad fenotípica debido principalmente al aislamiento y segmentación de los núcleos. La única población de fartet existente en Andalucía se encuentra en la provincia de Almería, más concretamente en la cuenca del Río Adra, incluyendo a Las Albuferas y a las distintas balsas de riego que rodean a la misma y que se nutren principalmente a través del canal de San Fernando. El uso de alguicidas en estas balsas y la presencia de pesticidas y otros biocidas, a los que son extremadamente sensibles, han hecho que esta población andaluza se encuentre amenazada de extinción. 

Existe un claro dimorfismo sexual (en la imagen una hembra).Estos diminutos pececillos son un ejemplo de adaptación biológica a condiciones ambientales extremas. La vida en las zonas marismeñas está sometida a cambios en los parámetros biofísicos casi permanentemente como la concentración de sales disueltas, la temperatura, el pH, la conductividad eléctrica, el oxígeno disuelto o la disponibilidad de recursos alimenticios, entre otros, así como al volumen de la propia masa de agua que, en ocasiones, puede quedar reducida a simples charcos. Estas situaciones adversas hacen que sean muy pocas las especies de ictiofauna capaces de sobrevivir en estos medios. La compleja fisiología del fartet y su pequeño tamaño le permiten soportar temperaturas extremas que en ocasiones pueden superar los 37 °C. Asimismo, poseen una adaptabilidad osmótica que hace que pueda pasar de aguas dulces, a salobres o a hipersalinas sin que se vea afectado su equilibrio metabólico.

El fartet es un pez omnívoro capaz de aprovechar la mayoría de los recursos tróficos presentes en su hábitat natural. Es muy voraz y pasa la mayor parte del día buscando alimento. Entre su variada dieta destacan pequeños crustáceos, larvas de diferentes insectos y otros invertebrados, actuando como un eficaz controlador biológico de las poblaciones de larvas de insectos que viven en las aguas dulces o salobres de las zonas costeras. Esta característica lo convierte en una especie susceptible a ser introducida de forma controlada en otros aguazales, para combatir o prevenir las plagas de mosquitos y sus posibles consecuencias sanitarias. Durante la noche suele buscar lugares tranquilos en el fondo o entre la vegetación donde descansar. Su actividad vital se centra principalmente durante la primavera y el verano, mientras que en el invierno su actividad disminuye considerablemente; así, cuando la temperatura del agua desciende por debajo de los 18º C su metabolismo alcanza cotas mínimas, presentando una escasa actividad o llegando a “aletargarse” durante este período.

Los enemigos naturales del fartet están representados principalmente por otros peces, aves acuáticas como las garzas, garcetas, gaviotas y algunos estérnidos como los charrancitos. El movimiento permanente de las aletas pectorales y de la caudal le permiten permanecer prácticamente estáticos entre dos aguas. Esta característica contribuye a que pese a su vistosidad sean capaces de confundirse con los elementos que constituyen su entorno, pasando prácticamente inadvertidos cuando se sienten amenazados. 

Momento de la cópula del fartetEl dimorfismo entre ambos sexos se acentúa considerablemente durante el período reproductor que comienza en abril y suele prolongarse hasta septiembre, aunque depende principalmente de la temperatura del agua; así en ejemplares en cautividad y con temperatura constante por encima de los 24 o 25ºC , la actividad sexual puede mantenerse a lo largo de todo el ciclo anual. Durante esta época los machos se van tornando más oscuros hasta alcanzar un color azul metalizado, destacando aún más las franjas plateadas del resto del cuerpo. La aleta caudal aumenta el contraste entre las oscuras líneas verticales y el fondo claro, al igual que ocurre en las aletas anal y dorsal, mientras que las pectorales y ventrales adquieren un tono amarillento, de la misma manera que la mitad anterior del cuerpo. Los machos se vuelven especialmente territoriales durante este período. Cuando un miembro del mismo sexo “invade” su espacio, o bien se acerca a alguna hembra a la que éste acecha, ambos se encaran mientras que su cuerpo se oscurece aún más, desplegando al mismo tiempo las aletas y ensanchando las agallas. Posteriormente se producen escaramuzas en las que ambos contendientes intentan morderse en la cola mientras giran uno tras otro. El resultado de este singular combate consiste en el abandono de uno de los contendientes que, en ocasiones, puede presentar heridas de consideración.

El voluminoso abdomen que muestran las hembras durante esta época constituye un reclamo irrefrenable para los encelados machos, los cuales comienzan una operación de “acoso y derribo” contra éstas. El macho se sitúa sobre la hembra y mediante técnicas “poco galantes”, como embestidas y mordiscos, va haciéndola descender hasta alcanzar el lecho del estanque o la charca. Una vez allí se sitúa paralelamente a la hembra y mediante movimientos convulsivos laterales la estimula para que deposite los óvulos, siendo inmediatamente fecundados por el macho. Según algunos autores una sola hembra es capaz de poner hasta 200 óvulos.

Los huevos quedan adheridos en el fondo o sobre la vegetación circundante mediante un apéndice pegajoso del que disponen, eclosionando a los diez días. Los diminutos alevines, que nacen con un pequeño saco vitelino de donde se alimentarán durante los primeros días, permanecen ocultos entre la vegetación, manteniéndose distantes de los elementos de su propia especie que, en algunos casos, pueden llegar a devorarlos; se hacen adultos antes que termine su primer año de vida. Esta especie puede catalogarse dentro de los denominados peces de temporada, presentando un ciclo vital muy rápido. Su longevidad dentro del medio natural es difícil de determinar con exactitud, aunque se estima que no suele sobrepasar los dos años de edad; en cautividad y bajo un estricto control de sus parámetros ambientales puede llegar a vivir más de seis años.