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3. ZONAS HÚMEDAS ALMERIENSES


Dentro de un entorno árido como el que caracteriza a la mayor parte del litoral almeriense, donde las formas vivas están supeditadas a un estrés hídrico casi constante, la presencia de un pequeño grupo de aguazales costeros contribuye sustancialmente a aumentar la biodiversidad de este rincón del Sudeste peninsular. Los humedales constituyen uno de los hábitats más diversos y ricos del Planeta Azul, concentrando unos niveles de biomasa igualados, tan sólo, por algunos ecosistemas como los arrecifes de coral o las selvas tropicales. Su conservación y protección definitiva a de constituir una de las acciones prioritarias e ineludibles para las administraciones competentes que tienen el deber, tanto moral, como legal, de su tutela efectiva.

 

Definición y conceptos básicos

Cañada de las Norias (El Ejido)La expresión “zona húmeda” procede de la traducción literal del término inglés “wetland”, que engloba a un gran número de hábitats que tienen en común su vinculación a la presencia de agua. El concepto de humedal o zona húmeda es muy amplio y abarca en líneas generales a cualquier anomalía hídrica positiva del paisaje que sea temporalmente significativa. Quizá, la definición más extendida en la actualidad sea la establecida por el Convenio Ramsar sobre Zonas Húmedas de Importancia Internacional, que entiende por humedales “... las zonas de marisma, pantano, turbera o aguas rasas, naturales o artificiales, permanentes o temporales, de aguas remansadas o corrientes, dulces, salobres o salinas, con inclusión de aguas marinas cuya profundidad en marea baja no exceda de los seis metros”. 

Siguiendo esta definición, que a priori parece un gran cajón de sastre, puede afirmarse que los aguazales constituyen uno de los ecosistemas más amenazados a escala global. Una de sus principales características es la de soportar índices de productividad muy elevados, en comparación con la mayoría de los ecosistemas del Planeta Azul, siendo capaces de albergar a ricas y heterogéneas comunidades de animales y vegetales, algunas de las cuales están tan estrechamente ligadas a estos hábitats que su supervivencia depende de la existencia de los mismos. Asimismo, son uno de los mejores medios donde poder evaluar la calidad ambiental del entorno ya que se comportan a modo de laboratorios naturales, acusando tanto los impactos positivos, como los negativos. Por otro lado, constituyen una forma eficaz de acercamiento entre hombre y naturaleza, siendo un recurso excelente a la hora de establecer planes o proyectos de Educación Ambiental. 

 

Situación actual de los humedales ibéricos

La destrucción y/o degradación de estos privilegiados ecosistemas constituye una constante histórica extrapolable a la mayor parte del Planeta. Como ejemplo ilustrativo, cabe destacar que según datos históricos hace unos 2.000 años, las Marismas del Guadalquivir y la Albufera de Valencia, poseían una extensión superior en un 60 y 90 % respectivamente, con respecto a la superficie actual.

Cañada de las Norias (El Ejido)Sin embargo, ha sido durante el siglo XX y primeros años del XXI cuando la devastación de estos hábitats se ha hecho más patente. Así, desde mediados de los años cuarenta hasta la actualidad, han desaparecido más de la mitad de los humedales españoles, que ocupan el 1% de la Península Ibérica, o sólo el 0,2% si se prescinde al contabilizarlos de las zonas marismeñas. Para comprender la magnitud de estas pérdidas puede valer como ejemplo la desecación, durante dicho período, de las lagunas de La Janda, Antela y la Nava, que en su conjunto ocupaban 30.000 hectáreas de zonas húmedas.

Esta situación ha sido favorecida en ocasiones, de forma directa, por la propia Administración, como lo demuestra la tristemente famosa la Ley de 24 de junio de 1918, conocida popularmente como “Ley Cambó”, que alentaba a la desecación de lagunas, marismas y terrenos pantanosos, bajo pretextos insostenibles de garantizar la salud pública y que estuvo en vigor hasta 1986.

La situación en Andalucía, pese a los esfuerzos de la Administración, es poco alentadora. Este vasto territorio cuenta con 697 lagunas, 20 salinas y 16 zonas marismeñas, que en total suman 113.339 hectáreas. Las marismas, que por sí solas constituyen el 80% (90.541 hectáreas) de los aguazales andaluces, raramente superan la calificación de pésima, en cuanto a la calidad de sus aguas, según los propios datos oficiales según afirma Joaquín Araujo. Accidentes como el de las minas de Aznalcóllar en Sevilla, que han comprometido al mayor de los refugios de vida silvestre europeos, Doñana, devastando miles de hectáreas de tierras de labor, o la destrucción de zonas húmedas de reconocida importancia como las Salinas de Guardias Viejas, en El Ejido, ambos hechos acontecidos durante 1998, ponen de manifiesto la necesidad de realizar un mayor esfuerzo, por parte de las Administraciones competentes, para garantizar y conseguir de una vez por todas, la protección y salvaguardia definitiva de este patrimonio natural irreemplazable.