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2. ISLAS E ISLOTES: VIVIENDO EN EL DESTIERRO


Atardecer invernal en en la isla de Alborán

Las islas han jugado un papel crucial a lo largo de la historia de la humanidad, contribuyendo a la conexión y expansión de culturas y civilizaciones. Estos territorios, apartados de los continentes y ganados a mares u océanos, han despertado la curiosidad y la codicia desde que el hombre comenzó a desplazarse torpemente sobre el líquido elemento. Mayoritariamente, poseen algún grado de colonización y de utilización, bien por la riqueza de sus recursos naturales superficiales o submarinos, o bien por su situación estratégica para el control del tráfico marítimo comercial o militar.

La existencia de enclaves isleños en el Mediterráneo andaluz está prácticamente restringida a esta provincia del Sudeste peninsular. Aunque modestas en extensión, las islas de Almería poseen algunas de las características inherentes a este tipo de elementos biogeográficos, donde el aislamiento físico del continente, la influencia y exposición directa al mar, junto con sus características geomorfológicas, climáticas y oceanográficas dominantes determinan, en gran medida, la composición ecológica de superficie, constituyendo laboratorios naturales, así como ecosistemas únicos y tremendamente frágiles. De origen volcánico y dentro de la extrema aridez que caracteriza a los subdesiertos del litoral almeriense, incrementados aquí por la maresía y el impacto directo de los vientos, destacan la isla de Alborán en el centro del mar que lleva su nombre, la de San Andrés frente a Carboneras, y las de Terreros y Piedra Negra en Pulpí. Aunque poco conocidas por la población almeriense, tan sólo la primera de ellas dio nombre a un Mar, a un mineral e incluso a un Marquesado.