Principales caracteres biogeográficos


Situada en el Norte provincial, alberga a más de 1.200 especies de plantas, debido a diferentes factores, entre los que destaca su situación geográfica en la línea de confluencia entre el centro y el Sur peninsular, recibiendo por lo tanto la influencia de diferentes provincias corológicas.

Por otro lado ello también es debido a su margen altitudinal, que oscila entre los 800 m y los 2.045 m. La mayoría de la flora es de distribución mediterránea, seguida de la peninsular y de la de distribución ibero-Norteafricana.

De esta forma, aparecen representados taxones béticos como el durillo dulce (Cotoneaster granatensis), castellano-levantinos como la atamanta (Athamanta hispanica), e iberoafricanos como el agracejo. Además, presenta algunos endemismos exclusivos como Brassica repanda ssp. almeriensis, Centaurea x piifontiana, Centaurea macrorrhiza, Nepeta hispanica ssp. hispanica, Sideritis x sagredoi y Sideritis x velezana

Piorno azulLa vegetación de las cumbres está representada por piornos, como el azul y de crucecitas, el pendejo (Bupleurum spinosum) o el rascaculos. También aparecen algunos tomillares adaptados especialmente a suelos carbonatados como Andryala agardhii, así como diferentes gramíneas que conforman pastizales perennes.

Sin embargo, las comunidades que encabezarían la vegetación clímax del piso oromediterráneo sólo aparecen de forma testimonial, estando compuestas por formaciones arbustivas de sabinas rastreras y enebros, y arbóreas de pino salgareño. Asociadas a éstas, suelen aparecer el cerezo rastrero, el piorno fino (Genista lobelii ssp. longipes) o el gabo (Ononis aragonensis). Sobre suelos bien desarrollados, se encuentran pequeños rodales de agracejos, endrinos béticos y durillos dulces.

En el piso supramediterráneo, dentro de áreas especialmente húmedas, la vegetación climácica está encabezada por bosques compuestos por arces, quejigos y mostajos o, en su defecto, por bosquetes con presencia de escaramujos, guillomos (Amelanchier ovalis) o madreselvas.

MadroñoEncinares achaparradosSobre terrenos menos húmedos que los anteriores, la vegetación clímax corresponde a un bosque de encina con presencia de agracejos, majuelos y madroños algunos de ellos muy antiguos. La degradación de estas series va dando paso a la colonización por especies menos exigentes como la retama negra o el lastón, mientras que en suelos pedregosos y erosionados aparecen densos matorrales con especies como la boja brochera (Santolina rosmarinifolia ssp. canescens), el espliego, la salvia o el piorno azul.

En el piso mesomediterráneo, la vegetación continúa estando dominada por el encinar, al que acompañan matorrales y arbustos, como la oreja de liebre (Bupeurum rigidum) o el enebro (Juniperus oxycedrus). Cuando los suelos son menos profundos, el encinar va dando paso a densos bosquetes de coscojas, a los que suelen acompañar espinos negros y otros matorrales. Las series de degradación de las anteriores formaciones están constituidas, principalmente, por tomillares y espartales, donde destacan especies como el esparto, la yesquera (Brachypodium retusum), la mejorana, el romero o el tomillo.

 

Los pinares constituyen, en la actualidad, el núcleo principal de la masa forestal velezana procediendo, en su mayor parte, de repoblaciones forestales que han ido desplazando de su hábitat natural a los encinares preexistentes. Tales pinares aparecen representados por cinco especies: el pino negral o albar, que constituye la mayor parte del llamado “pinar viejo” de la umbría de Sierra de María, el carrasco, el piñonero, el silvestre y el laricio o salgareño, pudiendo considerarse a este último como el único de carácter autóctono.

Desde antiguo se han realizado importantes repoblaciones con pinos Estos bosques se sitúan principalmente en la umbría
El gran bosque de encinar que existiera, está en la actualidad circunscrito a unos pocos lugares Las dehesas han sustituido a los densos bosques

Las comunidades rupícolas, asentadas sobre roquedales y cascajares calizos, acumulan a un elevado número de elementos florísticos que contribuyen a aumentar la singularidad botánica de la comarca. Entre éstos cabe destacar la presencia del endemismo bético Saxifraga camposii en la umbría, y la de algunos endemismos locales, como Sideritis stachydioides o Centaurea mariana, en la solana.

Además de las comunidades vegetales descritas anteriormente, merecen mención especial otras formadas por diferentes especies que alcanzan una notable singularidad, como la sabina mora (Juniperus phoenicea), constituyendo, en muchos casos, el sotobosque acompañante del pinar. Sabina albar (Juniperus thurifera)La sabina albar (Juniperus thurifera) es mucho más escasa, alcanzando aquí el límite más meridional dentro de la Península Ibérica. La sabina negra encabeza, por sí misma, una serie de vegetación que ocupa algunos afloramientos rocosos, sobre suelos muy pobres, acompañada por espinos negros y coscojas.

Hasta la fecha se han catalogado en esta sierra 244 especies de invertebrados, incluyendo a un elevado número de endemismos. Entre los ropalóceros destacan la mariposa Apolo de Sierra de María (Parnassius apollo ssp. mariae), como endemismo local, y Aricia morronensis, como endemismo ibérico.

El importante porcentaje que ocupan las áreas forestales potencia el desarrollo de comunidades orníticas específicas. Entre las rapaces características de estos hábitats se encuentran el azor, el gavilán, el alcotán, el águila calzada, el ratonero común, el águila culebrera, el autillo y el búho chico.

 

Águila calzada Aguilucho cenizo, morador de las estepas cerealistas

Los paseriformes cuentan con auténticos especialistas en el aprovechamiento de estos medios, como el agateador común, el pito real, los carboneros común y garrapinos, los herrerillos común y capuchino (Parus cristatus) o el piquituerto común.

Los roquedales y cortados son el hábitat preferido por algunas rapaces como el halcón peregrino, el águila real y el búho real, así como por distintos pájaros como el vencejo real, el avión roquero, los roqueros rojo y solitario, el treparriscos (Tichodroma muraria), el cuervo (Corvus corax), la grajilla, la corneja negra (Corvus corone), la chova piquirroja o la paloma bravía.

Carbonero común Se está trabajando en la reintroducción del buitre leonado Pollo de Autillo

Entre las especies desaparecidas de este hábitat a lo largo del último siglo pueden citarse al quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) y al buitre leonado (Gyps fulvus) que nidificaban en el área. No obstante, desde hace una década, se está trabajando con éxito en la reintroducción de la última especie.

Los mamíferos de este bosque mediterráneo se encuentran representados por el jabalí, el gato montés, la gineta, la comadreja, el zorro, el tejón, así como por conejos, liebres, ratones de campo, topillos comunes y lirones caretos. Según comentarios personales de J. A. Valverde –q.p.d-, la ardilla presente en sierra de María corresponde a la subespecie S. vulgaris hoffmanni.

Tejón Zorro Ardilla

   Sin embargo, el panorama actual es mucho menos complejo que el que se contemplaba hace tan sólo 400 años, cuando abundaban por estos páramos corzos, ciervos, cabras montesas, osos y lobos, como lo ponen de manifiesto las ordenanzas de prohibición de caza emitidas por el Marquesado de los Vélez durante el siglo XVI.

Como dato curioso, destaca la existencia en la actualidad de rebaños de arruis (Ammotragus lervia), que han sido introducidos en las vecinas sierras murcianas como pieza de caza mayor, desplazándose desde éstas.

Entre los herpetos existe constancia, entre otras especies, del sapo de espuelas (Pelobates cultripes), la víbora hocicuda, las culebras bastarda y de escalera o la salamanquesa común.