Residuos agrícolas: plásticos y biocidas


Almería ha realizado una revolución agrícola a los largo de los últimos 25 añosLos procesos de crecimiento rápido basados en el aprovechamiento de los recursos naturales suelen ir acompañados de efectos colaterales indeseables, que pueden repercutir directamente en la salud pública y en el medio ambiente. El acelerado desarrollo que ha caracterizado a la agricultura intensiva bajo plástico durante los últimos 25 años ha generado una problemática medioambiental sin precedentes en el ámbito nacional. La superficie de invernaderos se ha incrementado espectacularmente durante las dos últimas décadas, convirtiendo a Almería en la mayor despensa hortícola de Europa y constituyendo el principal eje económico provincial. Este desarrollo ha sido especialmente notable en el Poniente Almeriense donde actualmente existen más de 24.000 hectáreas de cultivos bajo plástico, lo que supone aproximadamente un 80% de la superficie de esta comarca. En cualquier caso, es un sector en expansión dentro del ámbito provincial que está invadiendo grandes superficies de otras zonas del litoral almeriense, como el Campo de Níjar, el Bajo Almanzora e incluso comarcas del interior, como la baja Alpujarra o el Valle del Andarax.

El invernadero ha convertido a la agricultura tradicional en una industria y a los agricultores en empresariosPuede afirmarse que el resurgimiento económico provincial se debe a la riqueza hortícola actualLa agricultura intensiva es más parecida a una práctica industrial (también intensiva) que a la agricultura tradicional, y los efectos sobre la ordenación del territorio, el flujo de los insumos, la generación de residuos y la logística de distribución de la producción, son también similares a los de la actividad industrial.

El volumen de residuos plásticos que genera la agricultura almeriense es difícil de cuantificar, aunque puede ser indicativo el dato de que tan sólo en el término municipal de El Ejido se recojan anualmente más de 8 millones de kilos de este tipo de deshechos, correspondientes a la renovación periódica que precisan los invernaderos. Planta de Reciclado de Plástico de las Norias de DazaLa estructura molecular del plástico lo convierte en un elemento altamente resistente al paso del tiempo y a su degradación natural, características que se potencian en los desarrollados específicamente para uso agrícola, aportándoles componentes que aumenten su durabilidad y resistencia a la degradación física y biológica.

La prohibición expresa de la quema incontrolada de estos residuos por su efecto de contaminación directa sobre la atmósfera, que ha resuelto sólo parcialmente el problema, ha derivado en la toma de diferentes iniciativas, tanto públicas como privadas. Una de ellas ha sido la puesta en marcha de plantas de reciclado de plástico, en las que se aprovecha la parte más selecta del material usado para su reutilización. Esta medida, aunque acertada, afecta actualmente a menos de un 30% de los residuos plásticos generados, por lo que es insuficiente para la resolución global del problema.

Pero como cualquier crecimiento acelerado ha traído efectos colaterales indeseables, como el acúmulo de residuos plásticos y vegetalesOtra de las medidas planteadas es la incineración controlada de los residuos plásticos en altos hornos, como los de la central térmica de Carboneras o la cementera de Gádor, sustituyendo puntualmente a los combustibles fósiles de uso habitual en los mismos. Aún constituyendo un método efectivo y rápido, sólo sigue siendo aplicable a un porcentaje muy selecto del residuo limpio y pre-tratado. Por lo tanto, continúa faltando la solución para el residuo marginal de rechazo, que puede cifrarse en el 50% del total.

El residuo plástico en grandes masas no sólo afecta nocivamente al entorno natural y a la salud por la combustión incontrolada del mismo, sino que genera otros peligros cuando circula como desecho sin control, como por ejemplo, el taponamiento de ramblas, los accidentes en las rápidas vías de circulación, etc.

 

Los biocidas (plaguicidas, herbicidas, insecticidas, fungicidas, etc.)

Se han convertido en complemento habitual de la agricultura intensiva. Sin embargo, ningún cronista medianamente serio debe obviar el hecho de que constituyen uno de los factores de riesgo más importantes, tanto para la salud pública, como para el medio ambiente. El cultivo bajo plástico consume más del 20% de los productos fitosanitarios en España, sin contar aquellos derivados de la venta ilegal y que pueden ser altamente perjudiciales al carecer de los controles reglamentarios. La nocividad de estos elementos radica principalmente en su mal uso y abuso, aunque también depende de su propia estructura química, toxicidad y vida media. 

Asimismo, el uso inadecuado de los pesticidas puede causar importantes pérdidas en las propias cosechas, la aparición de formas biológicas parasitarias resistentes a los productos, la destrucción de especies predadoras beneficiosas y la consiguiente aparición de nuevas plagas que escapan al control de las mismas y alteraciones irreversibles en los ecosistemas donde son utilizados, incluyendo a las aguas subterráneas.

Evitar la contaminación de los acuíferos debe ser un tema preferenteUn problema estacional, pero no por ello menos importante, es la acumulación que se produce en ocasiones de grandes contingentes de residuos de frutos, bien por su “descatalogación” o por cuestiones ligadas a los precios de mercado que provocan su abandono, teniendo especial incidencia en la aparición de plagas de insectos, así como en los lixiviados que generan, dado su alto contenido en agua. No hay que olvidar tampoco, que durante los últimos años los residuos procedentes de sustratos inertes, tipo perlita y lana de roca, cada día tienen un mayor protagonismo y precisan un control adecuado como residuos.

Los planes de higiene rural precisan de una constante evolución y de la puesta en común de políticasAnte esta situación, es notable el esfuerzo realizado por las distintas Administraciones implicadas por controlar y regular el ingente volumen de materiales de deshecho que derivan de esta actividad, aunque resulta sorprendente que la Junta de Andalucía no tuviera en cuenta la existencia de este tipo de residuos a la hora de redactar la Ley de Protección Ambiental, de la que quedan excluidos, y que regula los tratamientos y procesos de eliminación y depósito de los residuos tóxicos y peligrosos en el ámbito autonómico.

Evitar la contaminación de los acuíferos debe ser un tema preferenteDe todas maneras, el futuro para la eliminación de este tipo de residuos no puede continuar bajo la dinámica de "terraplenes sanitarios" con o sin control. La magnitud del problema merece un tratamiento específico a medio plazo, mucho más oneroso, más serio, pero también mucho más seguro, como es el que ofrecerían plantas específicas para el tratamiento de residuos vegetales capaces de transformarlos finalmente en abono orgánico y, sus lixiviados, en agua para riego.

Además existen acciones genéricas en las cuales se debe seguir trabajando en el ámbito doméstico y cotidiano.

Puntos de recogida y acopio, transporte y vigilancia, campañas de concienciación ciudadana, constituyen elementos básicos dentro de los municipios afectados sin cuya participación directa el problema será difícil de resolver. En este sentido, destaca el “Plan de Higiene Rural” desarrollado por el Ayuntamiento de El Ejido al inicio de la década de los 90, que puede considerarse pionero y uno de los más innovadores en este campo. Sin embargo, si se pretende conseguir una mayor efectividad deberán de estructurarse y potenciarse políticas conjuntas de carácter comarcal y/o provincial.