Procesos de erosión grave: el avance del desierto


La desertización es una realidad patente en el Sudeste peninsular.  JJMGLa desertización o desertificación es un problema global que afecta a un gran porcentaje de las áreas tropicales y ecuatoriales del Planeta Azul. Casi un tercio de la superficie territorial española presenta en la actualidad procesos de erosión grave, siendo especialmente importantes los que se desarrollan en el Sudeste peninsular. En este sentido, se puede afirmar que en Almería la desertización constituye el principal problema ambiental. El avance del desierto no influye sólo en las comunidades de fauna y flora silvestres, alterando irreversiblemente los ecosistemas en los que se integran, sino que constituye un factor limitante para el desarrollo de aprovechamientos humanos básicos como el agrícola o el ganadero, así como la de sus propios asentamientos.

El término desertización o desertificación se aplica a un complejo proceso donde intervienen multitud de factores bioclimáticos, geográficos y antropógenos, cuyo resultado final es la denudación o pérdida del suelo mediante la acción de los agentes erosivos.

La erosión hídrica hace perder anualmente millones de toneladas de suelo fértil La denudación del suelo es un problema de difícil solución Pese a los esfuerzos de la administración la media anual, durante los últimos 20 años, es de 100.000 Has. calcinadas

El primero y principal de los parámetros que influyen en la desertización es la deforestación, en la que el hombre ha actuado de forma directa desde la prehistoria. Entre las principales causas de ésta podríamos citar, en primer lugar, a los incendios.

Datos oficiales del Plan Infoca correspondientes al período 1995-2008 ofrecen los valores más bajos de este tipo de siniestros en Almería, en comparación con el quinquenio anterior. Noticia sin duda esperanzadora, que indica notables mejoras en las técnicas y medidas en el control de incendios forestales. En este sentido, cabe destacar el aumento de las dotaciones presupuestarias realizadas durante los últimos años por parte de la Junta de Andalucía, que han multiplicado las infraestructuras encaminadas a la lucha y prevención de incendios forestales, y al desarrollo de programas específicos de sensibilización y educación ambiental. Almería cuenta actualmente con tres Centros de Defensa Forestal en Serón, Alhama de Almería y Vélez Blanco. Estas estructuras, ubicadas dentro de entornos forestales, además de constituir centros operativos en la lucha contra el fuego, realizan estudios del entorno sobre el que actúan, así como cursos de formación permanente del personal que interviene en este tipo de actividades.

Los incendios forestales constituyen la primera causa del avance del desierto en EspañaTras el análisis estadístico sobre datos oficiales de las últimas tres décadas puede inferirse que tan sólo el 5% de los incendios forestales se deben a causas naturales o fortuitas, el 15% se producen por negligencias, más del 35% son intencionados y, aproximadamente, del 40% restante se desconocen sus causas concretas, aunque mayoritariamente se les supone un origen antrópico. Evidentemente existen pirómanos, aunque afortunadamente son los menos. Entre las causas intencionadas podemos encontrar a especuladores de diversa índole, que pueden intentar influir en la recalificación de los suelos y que normalmente utilizan a terceras personas para conseguir sus objetivos. Los vertederos y basureros mal acondicionados, la quema de rastrojos sin su debida autorización e incluso los fuegos pirotécnicos próximos a zonas forestales constituyen también causa frecuente de incendios durante el estío.

En este sentido hay que destacar la loable labor de los Agentes de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, así como de la Policía Autónoma Andaluza, cuyas actuaciones e investigaciones están ofreciendo excelentes resultados. Tampoco se deben obviar en este listado los múltiples incendios que se producen bajo el fuego de artillería durante el desarrollo de maniobras militares, especialmente en Sierra Alhamilla. Aun así, la “ecuación” que se pretende resolver posee diversas incógnitas. 

El mantenimiento de los medios de prevención y extinción requiere de presupuestos muy importantesSegún algunos expertos, como el Catedrático de Botánica Francisco Valle, las respuestas a estos interrogantes podrían estar en una inadecuada política de repoblación forestal. El fuego es un fenómeno intrínseco a la vegetación mediterránea; a causa de las tormentas eléctricas y las elevadas temperaturas que caracterizan el estiaje, los incendios fortuitos se han producido de forma secular dentro de un contexto vegetal perfectamente adaptado a estos episodios. De esta forma, la vegetación autóctona, tras cientos de miles de años de evolución, presenta singulares sistemas adaptativos frente a las llamas. Sin embargo, la presencia de enormes masas arbóreas, tanto en extensión como en densidad, procedentes de repoblaciones forestales favorece, por norma general, una propagación imparable de las llamas. La mayoría de estas repoblaciones se realizan con especies de rápido crecimiento como las pináceas (pinos).

Estos árboles se caracterizan por ser altamente inflamables, en parte por ser resinosos y también por la propia constitución morfológica de sus hojas y frutos. A partir de una determinada densidad del bosque los cortafuegos van perdiendo eficacia, entre otras causas porque las piñas, con el calor, son capaces de salir despedidas a más de 500 metros de distancia actuando como auténticas bombas incendiarias de propagación; lo mismo suele ocurrir con trozos de árboles que literalmente vuelan por las fuertes corrientes térmicas que se generan en un incendio. A estas hipótesis se sumarían las de otros expertos que aseguran que más del 90% de los incendios forestales se desarrollan en zonas previamente reforestadas (Araujo, 1992).

Almería cuenta con modernos viveros como el de RodalquilarLos incendios de matorral tienen mucha importancia al constituir la única barrera con la que cuenta el suelo frente a la erosiónNo siempre las formaciones arbóreas, pese a su espectacularidad, son las únicas o las más adecuadas a la hora de frenar los procesos erosivos. En Andalucía Oriental, el paisaje vegetal presenta además poblaciones de matorrales autóctonos como azufaifares, cornicales, lentiscares, sabinares, retamares, palmitares, romerales, etc. que son eficaces como fijadores del terreno, garantizando el aumento de la humedad del suelo mediante la creación de mayores superficies de sombra y capaces de contrarrestar la evaporación masiva que, por la tremenda insolación y elevadas temperaturas, se producen en estas latitudes. Además, este tipo de vegetación aumenta potencialmente la biodiversidad del hábitat y se regenera más rápidamente en caso de incendio. En este sentido, se ha producido un importante cambio en la política forestal andaluza al incluir a éstas y otras especies en las repoblaciones, que si bien aumentan significativamente el coste y la complejidad de las mismas, contribuyen positivamente a una restauración del medio más eficaz.

Las tareas de reforestación no pueden cesar si se pretende luchar contra los procesos de erosión grave Las repoblaciones en terrenos en pendiente y con maquinaria pesada se han demostrado contraproducentes Elegir correctamente las especies a reforestar influye decisivamente en el futuro de estas costosas acciones

Otro de los factores que influyen directamente en el aumento de la erosión, dentro del marco de las repoblaciones forestales, son las roturaciones de los terrenos en pendiente con maquinaria pesada, que producen una irreparable destrucción del suelo. Los estudios de Chaparro y Esteve (1996), califican como fracasada a la política forestal de “aterrazamientos” al considerarla como técnicas de escasa efectividad y también de enormes repercusiones ambientales; así mismo, afirman que favorecen los procesos erosivos, provocan profundas alteraciones en las comunidades vegetales naturales y un empobrecimiento del componente orgánico de los suelos.

sobreexplotación de los acuíferos también contribuye al avance del desiertoDe igual modo, el desmonte de grandes superficies de terrenos para su aprovechamiento agrícola es un fenómeno característico de las últimas décadas en algunas comarcas del ámbito provincial. En este caso no se trata de procesos que favorezcan la erosión, sino de la denudación directa de miles de toneladas de suelo, al objeto de conseguir superficies planas adecuadas para la instalación especialmente de invernaderos. En las zonas basales de la Sierra de Gádor o en la Sierra de La Contraviesa, al igual que en diferentes puntos de la provincia, estos desmontes están afectando a cientos de hectáreas de terreno, produciendo daños irreparables en estos hábitats áridos. En este sentido, parece necesaria una actuación más racional y fiscalizadora de las administraciones competentes, al objeto de frenar este tipo de actividades.

También, el despoblamiento y abandono del medio rural, de igual manera que las explotaciones agrícolas tradicionales, tiene repercusiones directas tanto en lo sociocultural, como en lo medioambiental. Según Eduardo de Miguel Beascoechea, responsable del Área de Agricultura en el Fondo del Patrimonio Natural Europeo, la actual política de abandono de tierras de cultivo que favorecen las directrices de la Política Agraria Comunitaria (PAC), está produciendo un fenómeno de gran repercusión social y ambiental. La población activa agraria ha disminuido del 27% al 8% en los últimos 20 años y se han dejado de cultivar medio millón de hectáreas. En medios áridos, como los que caracterizan a gran parte de la provincia de Almería, los cultivos tradicionales constituyen en gran parte del territorio, el último eslabón antes de la pérdida de suelo fértil y del avance de los procesos de erosión grave.

El abuso de los cultivos arbóreos de secano como el olivo y el almendro –especialmente de este último-, también favorecido por la PAC contribuyen, en opinión de diversos expertos (Muñoz Cobo –1996-, Beascoechea –1996-), a los fenómenos de desertización y erosión. En medios áridos de Almería hemos podido constatar la denudación y empobrecimiento del suelo en zonas donde se ha implantado de forma extensiva el cultivo del almendro, como en algunas áreas de Las Estancias y de Los Filabres.

La sobreexplotación ganadera y una equívoca Política Agraria Comunitaria también contribuyen a la desertizaciónEn cualquier caso, entendemos que corresponde a los investigadores de estos fenómenos el establecer las conclusiones científicas, así como plantear las medidas correctoras oportunas para la lucha contra la desertización. Es esta misma política comunitaria la que también propone la potenciación de la ganadería en zonas de media y alta montaña, lo que puede calificarse como “arriesgado”(según estos y otros autores) en el ámbito almeriense y en medios donde el mantenimiento de las comunidades de flora herbácea y subarbustiva son fundamentales, no sólo por la conservación de especies en peligro y protegidas, sino para la propia dinámica de estos hábitats. Parece un contrasentido apoyar y dimensionar la ayuda a explotaciones ganaderas en áreas tan frágiles como únicas dentro del contexto europeo, donde el hambriento y voraz ganado (especialmente el caprino) aprovecha cualquier brote vegetal en estos áridos paisajes, provocando una progresiva denudación del suelo que, incapaz de regenerarse cuando la presión predadora supera a sus ciclos biológicos, queda a expensas de los implacables procesos erosivos.

Algunas prácticas tradicionales como la recolección de plantas aromáticas, frecuente en los eriales almerienses, constituye otro de los factores desestabilizadores de estos hábitats. Cuando la recolección de ciertas especies de aromáticas como el romero, el tomillo y un largo etcétera, pasa de un uso familiar, enmarcado dentro de un contexto económico secular de subsistencia, a fines claramente industriales, se produce un desajuste entre el aprovechamiento y la conservación de los recursos. La Orden de la Consejería de Medio Ambiente por la que se regula la recolección de ciertas especies vegetales en los terrenos forestales de propiedad privada de la Comunidad Autónoma de Andalucía, junto con la propia Ley de Montes pueden ser efectivas en el control de estas actividades, siempre que se apliquen con rigor ecuánime para el control eficaz de la sobreexplotación de estos recursos.

La regulación de actividades ligadas a la práctica de actividades deportivas  motorizadas, como el “trial”, o la circulación mediante vehículos todoterreno, deben de mantenerse bajo un estatus reglamentado, como el establecido en otras Comunidades Autónomas. Además de las ramblas mediterráneas, esta provincia mantiene un número muy considerable de caminos forestales en cada uno de sus complejos serranos, en su mayoría, realizados para tratamientos silvícolas o como puntos neurálgicos contra posibles incendios forestales. Según Villavilla y García (1994) el uso de vehículos todoterreno debe ser regulado cuanto antes en España respondiéndose así a un exponencial aumento de ciertas prácticas, de las que aún se ignora su posible carácter coyuntural, para llegar a la “simbiosis” equilibrada entre entretenimiento y conservación del entorno.