Usted esta aquiGUÍA DEL PATRIMONIO NATURAL DE ALMERÍA / 1. ALMERÍA BAJO EL MAR: UN MUNDO POR DESCUBRIR / Problemática ambiental de los mares costeros

Problemática ambiental de los mares costeros


Contaminación de la áreas litorales

El Mediterráneo pasa por ser uno de los mares más contaminados del mundoLos mares costeros del planeta han sido utilizados tradicionalmente como enormes basureros. Se consideraba que dada su gigantesca magnitud eran capaces de absorber y diluir toda clase y volumen de deshechos originados por la actividad humana. Sin embargo, el ingente vertido de todo tipo de residuos ha saturado a estos enormes vasos que, como en el caso del Mediterráneo, empiezan a mostrar claros síntomas de agonía. Cada año, miles de millones de toneladas de substancias tóxicas, elementos radiactivos, metales pesados como los compuestos del mercurio o productos químicos (pesticidas y biocidas en general), están contribuyendo a que se alcancen índices de contaminación hasta ahora desconocidos.

La presión humana sobre las áreas litorales del planeta es enorme y va en aumento. En este sentido, cabe destacar que el 60% de la población mundial, unos 3.000 millones de personas, viven a menos de 60 Km. de la costa, esperándose que para el año 2100 esta proporción llegue a alcanzar el 75%. Así mismo, dos tercios de las ciudades con más de 2,5 millones de habitantes están situadas en las proximidades de un estuario.

El Mediterráneo ocupa, tan sólo, el uno por ciento de la superficie oceánica; sin embargo, acumula casi el 50% del total de los vertidos contaminantes que se realizan en los mares del planeta. A los vertidos procedentes de industrias químicas, hay que añadir las ingentes cantidades de detritus de origen humano que se acumulan especialmente en el estío. Durante este período la avalancha de turistas duplica prácticamente la población de las áreas costeras mediterráneas. Según previsiones de las Naciones Unidas, dentro de 25 años, estas zonas contarán con una población residente de 125 millones de habitantes, estimándose en 760 millones el número de visitantes en periodo vacacional.

Más del 75% de la contaminación marina se origina por los deshechos originados por el uso urbano y rural de las tierras. La agricultura practicada en el interior suele tener efectos contaminantes en la franja costera, debido al depósito de abonos y biocidas que son arrastrados por las lluvias a las aguas litorales, así como por la contaminación directa de acuíferos con conexión marina. También el exceso de nutrientes procedentes de aguas residuales, abonos, residuos orgánicos, etc. provoca el proceso conocido con el nombre de eutrofización, consistente en el crecimiento rápido de placton y en la descomposición de las algas, que disminuye la proporción de oxígeno disuelto y produce la muerte de peces y otras formas vivas del medio acuático.

Redes hundidasEn ocasiones, estas floraciones de algas están además compuestas por especies tóxicas, por lo que el consumo de mariscos y otros organismos marinos pueden resultar peligrosas. Graves efectos para la salud puede tener también la presencia de ciertos metales pesados, en especial el mercurio o el plomo; un ejemplo extremo fue el acontecido entre 1952 y 1960 en la ciudad japonesa de Minimata, donde 40 personas murieron y más de 2.000 padecieron graves trastornos neurológicos (mal de azogue) y físicos tras ingerir mariscos contaminados por mercurio. La mayor parte de los grandes peces y mamíferos marinos que se encuentran en la cúspide de la cadena alimenticia, van acumulando las sustancias tóxicas no excretables que se encuentran en sus presas, presentando a la larga, importantes cantidades de mercurio, dioxinas y cloro orgánico en su organismo, no haciendo recomendable para la salud su consumo alimenticio más de una vez al mes.

Se estima que en las placas continentales se encuentra almacenada la mitad de las reservas de crudo actualmente conocidas. Los depósitos aluviales de minerales como cobre, hierro, estaño, plata, plomo, tungsteno y piedras preciosas se hallan principalmente situados en las desembocaduras actuales y antiguas de los ríos. La extracción y el transporte de estos elementos constituye una fuente de contaminación de primer orden, por el elevado número de siniestros y accidentes que se registran y las desastrosas consecuencias que producen las frecuentes “mareas negras” para la salud y para el medio ambiente.

El Mediterráneo soporta un volumen muy elevado de transportes marinos potencialmente peligrosos, además del lavado de tanques cisternas que, aunque prohibido en el ámbito internacional, es práctica habitual no controlada e impune.

Por último destaca la alteración de las desembocaduras de las cuencas fluviales o la construcción de infraestructuras en las áreas litorales, como puertos, embarcaderos, espigones, creación de playas artificiales, etc. que causan efectos desastrosos en la dinámica de las aguas costeras, al interceptar y alterar a las propias corrientes marinas, afectar a la distribución de distintas especies, llegando a modificar los perfiles costeros y sus comunidades biológicas.

 

La disminución de los recursos pesqueros

La industria pesquera posee una gran importancia a escala global, tanto por los beneficios que genera, como por el número de puestos de trabajo directos e indirectos que dependen de ella. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) más del 90% de la pesca marina mundial que supone unos 82 millones de toneladas, incluyendo a la procedente de acuicultura, se lleva a cabo cerca de la costa o en aguas pertenecientes a la plataforma continental. La pesca a pequeña escala Comunitaria representa casi la mitad de la cantidad destinada al consumo humano, empleando a más de 12 millones de personas. Cabe apuntar que el 60% de la población de los países en desarrollo obtiene del mar más del 40% de su ración anual de proteínas.

Barcos de pesca en el puerto pesquero de AlmeríaEl principal problema actual del sector pesquero es la sobreexplotación de los recursos naturales, con el agotamiento y destrucción irreparable de un número cada vez mayor de caladeros (recuérdese el desastre histórico humano y ecológico pesquero de Alaska durante el siglo XX). En algunas regiones como el Mar Mediterráneo se practica una explotación excesiva que ha provocado una disminución sustancial del volumen total de capturas. La aplicación de nuevas tecnologías y el aumento de las poblaciones humanas no han hecho más que acelerar este proceso. Entre las técnicas más dañinas se encuentra la pesca de arrastre que, como un auténtico rastrillo, barre toda la vida de los fondos litorales, destruyendo su cobertura vegetal e imposibilitando que se desarrollen las puestas de peces y moluscos que allí son depositados; otras técnicas tremendamente lesivas para la fauna acuática son las artes de deriva a gran escala que, aunque prohibidas por algunos países como España, aún no se han llegado a erradicar.

La ausencia de propiedad reconocida de los recursos marinos y, por lo tanto, la inexistencia de mecanismos para limitar el acceso a las reservas pesqueras, ha provocado la sobreexplotación incontrolada y el agotamiento de los mismos a lo largo de gran parte de este y el anterior siglo. Esta situación potenció la creación de una descomunal industria pesquera que, basada en alcanzar altos beneficios a corto plazo, dejo tras de sí ecosistemas rotos y poblaciones humanas arruinadas. En los años setenta, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Mar, acordó establecer la soberanía de los Estados costeros a 370 kilómetros de sus respectivos litorales, dando paso a diferentes regulaciones más o menos afortunadas.

Una práctica poco recomendable de algunos gobiernos, como el español, consiste en intentar mantener por medio de subvenciones a fondo perdido a las actuales flotas pesqueras, tremendamente sobredimensionadas y que carecen de otra solución que no sea su desmantelamiento definitivo, a corto plazo, y la reconversión del sector. En cualquier caso, los gastos sociales producidos por esta reestructuración deberán ser asumidos por los gobiernos de los propios países que permitieron su crecimiento incontrolado. Una alternativa efectiva sería la reconversión del sector en algo lúdico como pudiera ser ecoturismo marino o paseos costeros quizá más rentables.

 

Datos sobre el estado del litoral almeriense

La flota pesquera almeriense está sobredimensionada. Puerto pesquero de CarbonerasA priori, el litoral almeriense parece gozar de buena salud o, por lo menos, mejor que el de otras partes del Mediterráneo. Los principales problemas son los comunes a otras áreas de este Mar, como la sobreexplotación pesquera, el vertido de residuos y la contaminación marina o la alteración de la dinámica de las aguas litorales con la construcción de puertos y otras infraestructuras.

Algunos bioindicadores como la ausencia del alga Caulerpa prolifera, indicativa de los procesos de eutrofización de las aguas, o el buen estado de conservación de las praderas de Posidonia oceanica plantean un panorama esperanzador en áreas como Cabo de Gata. Sin embargo, ni siquiera esta privilegiada franja de la costa almeriense es ajena a los principales factores que amenazan la integridad de los mares costeros. Así, los desastrosos efectos ecológicos causados por una “marea negra”, producida en 1990 y que afectó a algunos puntos de esta costa, aún persisten en la actualidad y tardarán probablemente años en recuperar su estado inicial. 

Flota pesqueraAlmería, como provincia marítima, cuenta con una importante flota pesquera que se distribuye principalmente por los puertos de Almería, Adra, Garrucha, Carboneras y Roquetas de Mar. Hace once años, en 1997, estas instalaciones portuarias registraron un volumen de captura de 9.353.315 kilos y unos beneficios brutos de 4.192.210.722 de las antiguas pesetas, muy superiores a los datos actuales.

En todo caso, se trata de una flota sobredimensionada, que carece de sentido dentro del actual contexto pesquero de la Unión Europea y que precisa de un progresivo desmantelamiento y de una reconversión efectiva del sector a medio plazo y no de incoherentes subvenciones a fondo perdido que, aunque parecen resolver el problema a corto plazo, están hipotecando el futuro de muchas familias. En este sentido, cabe destacar que durante ese mismo año se subvencionaron en los puertos de la provincia de Almería, junto con el de Motril en Granada, más de 1.200 millones de pesetas, en conceptos de ayuda por nuevas construcciones de buques y modernización de los mismos. Parece necesario apostar decididamente por la reconversión del sector.

La piscicultura representa una de las principales alternativas en el futuro de la pescaLos recursos marinos no son ilimitados y si bien es difícil que lleguen a extinguirse las especies habitualmente capturadas, no lo es tanto el que dejen de ser productivas por el agotamiento de los caladeros. Además, la problemática planteada en este sector con países como Marruecos y otros Estados del Norte de África, no ha hecho más que empezar. Sería más inteligente, por parte de los responsables administrativos y políticos, potenciar el desarrollo del sector secundario, apoyando la creación de plantas de transformación y envasado de productos del mar y apostando por la investigación en el campo de la acuicultura marina, en vez de buscar situaciones de confrontación con estos países de los que, de alguna manera, se podrían obtener pingües beneficios económicos si se consiguieran establecer relaciones estables para la comercialización de sus capturas, desde Almería y otros puntos de Andalucía, al resto de los países miembros de la Unión Europea.

Aunque la mayor parte de la flota faena en caladeros alejados de la costa, en diferentes puntos del Mar de Alborán, un porcentaje considerable lo hace dentro de la plataforma continental, como algunos barcos de arrastre entre los que destacan las bacas y baquillas. Este tipo de pesca de arrastre sólo puede emplearse en profundidades superiores a los 50 metros; sin embargo, estos límites no se respetan habitualmente, utilizándose en fondos poco profundos donde el daño ecológico y para las propias reservas de pesca es demoledor. Algo similar ocurre con las artes de cerco, usadas por las traíñas, que sólo están autorizadas a usarse en profundidades superiores a 35 metros; cuando se lanzan en fondos de menor calado se produce un efecto similar al arrastre, con la destrucción de los fondos y pérdida de puestas y alevines. Frente a esta situación parece evidente la necesidad que las administraciones competentes se doten de los medios suficientes para asegurar el estricto cumplimiento de la normativa vigente, además que las propias Cofradías de Pescadores establezcan la regulación y control de sus flotas respectivas.

En este sentido, cabe destacar algún tipo de iniciativa como el hundimiento de arrecifes artificiales que se han realizado en algunos puntos de la costa almeriense, cuyo objetivo es limitar este tipo de usos irregulares de las artes de pesca y regenerar los fondos submarinos donde se asientan. Según datos de la propia administración durante el bienio 1993-94 se invirtieron en este proyecto 86 millones de pesetas en el Parque Natural de Cabo de Gata - Níjar, a los que hay que añadir 10 millones de una reciente asistencia técnica y 1.644 millones que supuestamente estaban presupuestados hasta hoy en día en esta línea de actuaciones.

Sin entrar en valoraciones sobre los resultados y el coste económico de este tipo de acciones que, a priori, parecen bastante cuestionables, sorprende el hecho de que no se utilicen de forma habitual otros medios como el hundimiento de embarcaciones por encima de los 35 metros. Debidamente lastradas y eliminadas las partes contaminantes; este tipo de estructuras potencian el desarrollo de una gran cantidad de vida, impiden eficazmente el uso ilegal de artes de pesca y suponen un atractivo añadido a los fondos submarinos, todo ello con costos económicos bastante más reducidos.

En cuanto a la caza submarina se debería prohibir la comercialización de pescado obtenido mediante este método que aún ofrece pingües beneficios y que se potencia a través de la demanda generada por algunos establecimientos de restauración costeros; el uso de torpedos para inmersiones más rápidas, la pesca nocturna y el uso de escafandra autónoma. Así mismo, se podría proceder al control efectivo de fusiles ballesta y de aire comprimido que actualmente carecen de regulación y posponer cautelarmente la pesca de algunas especies que se encuentren amenazadas dentro de determinados hábitats como es caso del mero.

Emisarios que realizan vertidos al mar de forma permanente, sin que las aguas residuales estén convenientemente tratadasUn estudio, realizado por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, aporta información abundante y significativa sobre los vertidos que se realizan en la costa de esta comunidad autónoma. Según los datos referidos a la provincia de Almería, que aparecen en este Inventario de Vertidos Líquidos al Litoral de Andalucía (1997), de los 88 puntos activos y de gran diámetro (mayor a 600 mm o emisarios) en la conducción de desagües, tan sólo 3 están debidamente autorizados. El volumen medio de vertidos se establece en 171.281 m3/día, de los que 72.719 carecen de autorización. 5 de los 7 puntos de vertidos de origen industrial que aparecen en esta provincia vierten 3.692 m3 de residuos sin autorización diarios. Dicho informe destaca la existencia de irregularidades en algunas redes de saneamiento como las de Adra o Garrucha, cuyos aliviaderos de emisarios realizan vertidos al mar de forma permanente. En cuanto al estado de las 15 estaciones depuradoras de aguas residuales, en tan sólo 2 el funcionamiento es óptimo, mientras que 11 están sin evaluar y en las 2 restantes se cataloga como malo. En este sentido, y según la misma fuente, cabe reseñar la existencia de un programa conjunto entre la Diputación de Almería y Obras Hidráulicas para el cumplimiento de la normativa comunitaria, que obliga a tratar antes del año 2005 las aguas residuales de los núcleos de población mayores de 2.000 habitantes. Es lamentable que 11 años después la situación sea realmente parecida y las actuaciones un mero asomo de buena voluntad.

Según el mismo estudio, los vertidos de naturaleza industrial representan casi el 50% del total; de estos el 96% (90.000 m3/día) corresponden a la Central Térmica de Carboneras de ENDESA, contando con autorización expresa de la Consejería de Medio Ambiente, siendo así “porque en la costa de Almería hay un escaso número de actividades de este tipo”. En lo referente a la empresa DERETIL, S.A. (Cuevas del Almanzora) se espera que la aprobación de un sistema de cogeneración “permitirá, en alguna medida, la reducción de la carga contaminante o volumen de efluentes de sus instalaciones”. Pese a estos datos tan significativos y que despiertan ciertas dudas sobre la tan proclamada calidad ambiental del litoral almeriense, el trabajo concluye afirmando que “Almería puede considerarse como una provincia con escasa problemática de vertidos al litoral”. Atendiendo a estas cifras, parece que es mucho lo que hay que hacer para que esta frase no se quede en una declaración de buenas intenciones.

Paralelamente con lo anteriormente expuesto, destaca un fenómeno relativamente frecuente en el litoral almeriense como es la floración de ciertas algas durante el estío, conocido por los pescadores con el nombre de “lipón”. Se trata de concreciones de tipo mucoso que corresponden principalmente a secreciones de diatomeas, así como de otras algas. Cuando son muy abundantes se forman grandes masas de aspecto gelatinoso, que quedan adheridas a las artes de pesca y que pueden producir grandes mortandades entre los organismos que viven en los fondos marinos, los cuales quedan atrapados en esta maraña. En este proceso parecen intervenir diversos parámetros aunque una de las causas principales pueda ser, probablemente, la gran cantidad de abonos y fertilizantes que son arrastrados por las lluvias, desde las áreas de cultivo litorales, hasta el mar. En cualquier caso, es un tema lo bastante serio como para ser estudiado y analizado con el rigor científico que se merece.