Usted esta aquiGUÍA DEL PATRIMONIO NATURAL DE ALMERÍA / 5. LOS GRANDES MACIZOS MONTAÑOSOS / Filabres: entre el Andarax y el Almanzora

Filabres: entre el Andarax y el Almanzora


Gérgal y la árida “solana” de Los FilabresEn el corazón de Almería, las calcinadas laderas que rodean a la población de Gérgal anuncian al viajero el avance y la cercanía del desierto. En la Sierra de Filabres se pone de manifiesto la fragilidad con la que los bosques del Mediterráneo árido responden ante la sobreexplotación secular de sus recursos naturales, el deterioro que ocasiona el abandono definitivo de los cultivos y la enorme dificultad que conlleva, en este tipo de ecosistemas, la realización de tratamientos forestales capaces de regenerar un aspecto, al menos, parecido al que antaño poseían. A lo largo de estas líneas se analiza brevemente cual ha sido la política forestal empleada desde mediados del siglo XX, sus efectos y sus posibles defectos, en esta lucha desigual entre hombre y naturaleza. Conoceremos la existencia en su interior del pinar más extenso de la provincia de Almería y la gran riqueza botánica que, aunque alterada y transformada, se niega a abandonar el que ha sido su territorio durante miles de años, así como su fauna más representativa. En definitiva, se narran algunos fragmentos de la batalla por la vida en este rincón de la España herida contra uno de sus principales enemigos, la desertización.

 

El medio físico

Tetica de BacaresLa Sierra de Filabres constituye el principal macizo montañoso de Almería, ocupando su zona central donde se extiende de Este a Oeste. Tiene una longitud de 50 Km. y una anchura de 25 Km., ocupando una superficie total aproximada de 150.000 hectáreas. Desde el punto de vista geológico puede encuadrarse dentro de las Zonas Internas de las Cordilleras Béticas. La altitud media del complejo es considerable (1.500 m), destacando algunas cotas superiores a los 2.000 metros, como Calar Alto (2.168 m), Calar del Gallinero (2.049 m), Las Hoyas (2.011 m) y Tetica de Bacares (2.080 m). 

Esta última cima, también denominada Cerro Nimar, es famosa dentro del mundo científico por haber servido junto con el Mulhacen y los montes Filhaoussen y M'Sabiha en Argelia, para establecer la triangulación geodésica entre Europa y África, que se realizó a finales del siglo XIX; de hecho, en días especialmente despejados se llegan a divisar desde ésta las costas del Magreb. 

La nieve es un elemento inconstante pero importante en la zona de cumbresSu núcleo cristalino de Edad Paleozoica (o más antiguo) está rodeado por dos mantos geológicos, que sufrieron grandes plegamientos durante la Orogenia Alpina. El más extenso es el Complejo Nevado - Filábride, compuesto principalmente por cuarcitas, micaesquistos y pizarras silíceas. En la zona Norte se encuentran materiales correspondientes al Complejo Alpujárride, que aparecen como islotes formados por calizas y dolomías y donde aparecen los principales yacimientos metalíferos de plomo, zinc, cobre, cinabrio y de hierro como los de Serón y Bacares, así como los marmóreos que adquieren gran espesor en algunas áreas de Macael, Cóbdar y Chercos de gran importancia en el contexto de la economía comarcal y provincial.

Por último, destaca la presencia de materiales sedimentarios más recientes (Neógenos y Cuaternarios) como margas, limos y arenas que se sitúan en las bases de esta gran mole.

La Sierra de Filabres actúa como la principal barrera divisoria que separa las dos grandes cuencas hidrográficas de la provincia: la del Andarax y la del Almanzora. Sobre esta última vierten sus aguas los ríos Saúco, Bacares, Sierro y Laroya. 

 

Fauna y flora filábride

Linaria aeruginea ssp. aerugineaSu localización geográfica, en un área de confluencia entre comunidades vegetales béticas y murciano-almerienses, le confiere singulares características botánicas, que se ven incrementadas por la presencia de más de medio centenar de endemismos (desde exclusivos, hasta ibéricos), entre los que podemos destacar Genista pumila ssp. mugronensis, Primula elatior ssp. lafthousei, Linaria aeruginea ssp. aeruginea, Cuscuta triunvirati, Antirrhinum carolipaui o Centaurea sagredoi.

Así mismo, el margen altitudinal, que oscila entre los 300 m y los 2.186 m, propicia el asentamiento de la flora en distintos pisos bioclimáticos. Pero quizás, el aspecto fundamental en la actual composición de la flora filábride es la elevada intensidad de las actuaciones humanas, que se ponen de manifiesto en las extensas áreas roturadas, las talas indiscriminadas producidas por la minería del hierro y, actualmente, por las canteras de mármol, así como las repoblaciones forestales.

En el ingente esfuerzo contra la desertización del área, se han reforestado más de 60.000 ha desde la década de 1950, empleando principalmente distintas variedades de pinos, entre los que destacan el silvestre, el laricio (Pinus nigra ssp. laricio), el carrasco y el negral, e incluyendo también a la encina desde la década de 1980.

Las técnicas y especies utilizadas han sido criticadas por algunos especialistas, argumentando que las plantaciones de pinos sobre terrenos silíceos potencian un cultivo forestal, el cual requerirá una constante intervención humana para su conservación, con gravísimos costos económicos, ecológicos y paisajísticos (Pallarés, 1991). Sin cuestionar la veracidad de estas afirmaciones, no se puede obviar el hecho de que gracias a estas actuaciones se ha conseguido frenar a tiempo el proceso de desertificación que estaba afectando a la mayor parte de la serranía, posibilitando, así, intervenciones y correcciones, tanto presentes, como futuras, que de otro modo no hubieran sido factibles.

Alfilerillo de Sierra NevadaPiorno amarilloLas comunidades vegetales más representativas del piso oromediterráneo están dominadas por piornales como el amarillo (Genista baetica) o el de crucecitas (Vella spinosa), destacando arbustos como el agracejo, el enebro y el cerezo rastreros. Los terrenos de labor abandonados y el pastoreo intensivo del área han dado lugar a la estructuración de complejas formaciones de pastizales y tomillares, entre los que puede aparecer la dedalera de sierra Nevada o el Alfilerillo de sierra Nevada (Erodium rupícola), endemismos compartidos entre ambas serranías. En los islotes calizos de la sierra abundó el pino laricio o salgareño, como lo demuestra la existencia de más de 50 ejemplares centenarios en Bacares. Esta especie ya era explotada comercialmente en el siglo XVI, circunstancia ignorada por los investigadores, según afirman los hermanos García Latorre (1996).

Dedalera oscuraEl piso supremediterráneo estuvo dominado por encinares cuyas masas más antiguas aún se conservan en algunos lugares como Los Sapos y El Marchal (Serón), donde también aparecen quejigos. El alcornoque debió ser abundante en algunos puntos de la sierra. Entre los matorrales asociados que conforman el sotobosque destacan el arrayán salvaje (Myrtus communis), la gayuba (Arctostaphylos uva ursi), el torvisco (Daphne gnidium), el espárrago amarguero (Asparagus officinalis), el espino negro o la rascavieja. En esta zona se cultivaron grandes extensiones de cereales y de árboles frutales, como el cerezo (Prunus avium) y el almendro (Prunus amygdalus), destruyendo la foresta inicial que, tras su abandono, ha ido modelando el actual panorama, compuesto por diversas especies de jaras, retamas, tomillos y romeros, entre los que puede aparecer alguna digital negra (Digitalis obscura).

Según Madoz (1845-1850) ...esta jurisdicción (Bayarque) contaba, antes de la guerra de la Independencia más de 200.000 encinas, con cuyo fruto se alimentaban de 4 a 5.000 cabezas de ganado lanar y cabrío y 160 cerdos; pero en el día no llegan a 1.000 las primeras, por haber sido destruido el arbolado; tanto por la falta de éste como por lo desnuda que se halla la sierra de Filabres que contenía en la misma época sobre 25 millones de árboles...  ...La sierra de Filabres estuvo antes muy poblada de carrascas y pinos maderables, principalmente en la jurisdicción de Laroya y Macael, pero ha decaído notablemente la plantación por haberse roturado casi en su mayor parte...

Entre los ropalóceros más representativas y amenazados de la zona destacan la mariposa Apolo de la Sierra de Filabres (Parnassius apollo filabricus), Colotis evagore nouna, Pseudochazara hippolyte williamsi o Plebicula nivescens.

 

Curruca rabilarga Collalba gris Lechuza común

Las aves constituyen el grupo mejor representado, con más de 110 especies, en su mayor parte migradoras, aunque con un elevado porcentaje de sedentarias y estivales que nidifican en la serranía. En los roquedales y cantiles de la media y alta montaña nidifican rapaces, como las águilas real y perdicera, el halcón peregrino y el búho real.

Los matorrales y pastizales montanos son el hábitat característico del escribano montesino, así como de diferentes aláudidos tratados con anterioridad.

CiervoLos grandes ungulados aparecen representados aquí por el jabalí, la cabra montes y el ciervo, cuya población actual corresponde a la reintroducción de la especie en la vecina sierra de Baza. 

La aparición de nuevas especies de vertebrados es un hecho insólito, sobre todo en Andalucía donde se supone que la fauna está suficientemente estudiada. Sin embargo, esto es exactamente lo que ocurrió cuando se publicaron los primeros datos de una nueva especie para la ciencia, el sapo partero bético (Alytes dickhilleni) y en cuya área de distribución se incluyen las sierras de Filabres y de Gádor, así como algunos puntos de Sierra Nevada.

El jabalí es abundante en esta sierraLa presencia de bosques compuestos por encinas, quejigos, alcornoques y pinos en la Sierra de Filabres es un hecho que se puede constatar fácilmente, tanto por la existencia de documentos históricos que así lo ratifican, como por la subsistencia de pies centenarios y antiguos rodales de éstas y otras especies. Sin embargo, el panorama actual está marcado por procesos de erosión grave y denudación del suelo que están siendo combatidos, desde hace medio siglo, a través de ingentes campañas de reforestación.

 

La destrucción del bosque

Los bosques de encina han quedado reducidos a pequeños rodalesInicialmente cabría pensar que este cambio substancial en la cobertura vegetal podría deberse a un aumento de la aridez climática, caracterizada por un descenso de las precipitaciones y que habría limitado el desarrollo de la foresta inicial. Sin embargo, no existen indicios razonables que apoyen este hipotético cambio climático como se afirma en la actualidad.

De hecho se puede afirmar que durante los últimos milenios no han existido transformaciones significativas del clima dentro del Sudeste peninsular y menos con capacidad suficiente como para alterar radicalmente el tapiz vegetal. De lo anteriormente expuesto puede inferirse que el hombre ha sido el principal agente responsable de esta transmutación.

Los bosques del Mediterráneo árido constituyen ecosistemas tremendamente frágiles, cuya capacidad de crecimiento y regeneración es muy inferior en comparación con los de la España húmeda. El aprovechamiento secular de sus recursos ha provocado la degradación y/o destrucción de la mayor parte de estos.

La colonización árabe de esta comarca, que hasta entonces permaneció prácticamente despoblada, se caracterizó por el desarrollo de sofisticadas técnicas de regadío y sistemas de aterrazamiento dentro del contexto de una agricultura intensiva de bajo impacto, casi de subsistencia, teniendo los cultivos de secano y los aprovechamientos ganaderos una importancia secundaria.

Tras la expulsión de los moriscos, a finales del siglo XVI se incrementaron notablemente las roturaciones de terreno, contribuyendo a la destrucción de las masas forestales. Se asistió entonces al nacimiento de una agricultura extensiva que perseguía el auto-abastecimiento y la producción de excedentes de cereales, hasta entonces mayoritariamente importados, al repartimiento de las tierras de labor entre los colonos cristianos y a un crecimiento sin precedentes de la cabaña ganadera.

Así, desde este momento hasta mediados del siglo XVIII, la superficie cultivada en la Sierra de Filabres se incrementó en un 118 %, mientas que la población almeriense lo hizo en un 500 %, generándose una escalada progresiva en el aprovechamiento de los recursos forestales con fines domésticos y comerciales, contribuyendo a la asolación del territorio.

Las repoblaciones de pináceas intentan frenar la erosiónEl siglo XIX se caracterizó también por el crecimiento de la población que se duplicó durante esta centuria y por el gran porcentaje de habitantes residentes en el interior de la provincia. A los aprovechamientos forestales ya mencionados hay que añadirles la recolección masiva de esparto con destino a factorías de celulosa en Inglaterra, que devastó aún más la maltrecha piel de estos montes almerienses.

El aumento de las zonas de cultivo de cereal y vid en Los Filabres, influenciada por la privatización de las áreas comunales, continuó su expansión hasta alcanzar las cumbres serranas, esquilmando los últimos restos del bosque autóctono. El florecimiento de la minería del hierro, consumió grandes cantidades de madera en sus hornos de fundición, concentrándose en algunos yacimientos de Serón y Bacares, explotados ya por los árabes y clausurados en 1968.

En el “Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico” (1845-50) de Pascual Madoz se encuentran diversas referencias a dicho período: “... esta jurisdicción (Bayarque) contaba, antes de la guerra de la Independencia más de 200.000 encinas, con cuyo fruto se alimentaban de 4 a 5.000 cabezas de ganado lanar y cabrío y 160 cerdos; pero en el día no llegan a 1.000 las primeras, por haber sido destruido el arbolado; tanto por la falta de éste como por lo desnuda que se halla la sierra de Filabres que contenía en la misma época sobre 25 millones de árboles”... . “La sierra de Filabres estuvo antes muy poblada de carrascas y pinos maderables, principalmente en la jurisdicción de Laroya y Macael, pero ha decaído notablemente la plantación por haberse roturado casi en su mayor parte...”.

Para finalizar, merece la pena citar una frase del libro de Martínez Oña, titulado Mis rutas por los Filabres (1975): “Son sugerencias íntimas, que la imaginación dibuja para tanta gente sufrida, nómada y emigrante, por falta de una explotación racional de los recursos de esta sierra matriz de Almería”.

 

Entre incendios forestales y canteras de mármol

El aprovechamiento agrícola hizo desaparecer prácticamente los bosques preexistentesUno de los factores que influyen más directamente en los procesos de desertización son los incendios forestales. La quema de zonas arboladas, matorrales o pastizales en zonas áridas es aún más dañina. La escasez de precipitaciones retarda la regeneración de la cubierta vegetal y favorece la denudación del suelo que queda a expensas de los agentes erosivos.

Los incendios en Filabres son, desgraciadamente, noticia frecuente durante el estío almeriense. Entre estos destaca el “incendio de Líjar” que en 1994 calcinó más 8.500 hectáreas, lo que supone un 10% de la superficie serrana. En este sentido, cabe destacar el esfuerzo de la Administración con la dotación de un Centro de Defensa Forestal en la localidad de Serón, y el aumento paulatino de las dotaciones técnicas y humanas, tanto en la lucha, como en la prevención de estos incendios.

Otro de los problemas actuales es la sobreexplotación ganadera, situación que, paradójicamente, es subvencionada por la propia Administración, siendo incompatible con la conservación de la cubierta vegetal en medios áridos. Similares resultados, causa la recolección abusiva de plantas aromáticas, práctica regulada recientemente por legislación ambiental andaluza. 

Canteras de mármolLa extracción de mármol se ha convertido en la segunda fuente de ingresos del sector primario almeriense, tras el cultivo bajo plástico. Además de ser una de las principales bases de la economía provincial, lleva aparejada la creación de numerosos puestos de trabajo en la comarca y contribuye positivamente al desarrollo sociocultural y económico de diversos pueblos que, de otra forma, estarían abocados al éxodo de sus habitantes y a un progresivo envejecimiento de la población.

Sin embargo, no podemos obviar el alto coste medioambiental que produce este tipo de canteras a cielo abierto, cuyas cicatrices sobre el terreno se observan claramente incluso desde las fotografías que envían los satélites espaciales. La realización de planes de restauración adecuados y eficaces que no sólo sirvan para cubrir el expediente, deben tener un carácter prioritario si se pretende conjugar ordenadamente el aprovechamiento de los recursos naturales con la conservación del medio ambiente.

 

De la prehistoria a la actualidad 

Los yacimientos arqueológicos que aparecen en la sierra, valles y cuencas fluviales demuestran la importancia que esta comarca tuvo para el hombre durante la prehistoria. Los primeros vestigios humanos de la zona se remontan al Paleolítico, cuyo exponente más representativo es el caballo grabado de Piedras Blancas en Escullar o el asentamiento de la Cueva de los Tesoros en Bacares.

Entre las pinturas rupestres destacan los Abrigos de La Majada de las Vacas en Escullar, los Abrigos I y II del Peñón de las Juntas, el Friso de Portocarrero y las Piedras del Sestero en Gérgal o los abrigos de las Piedras de la Cera en Lubrín. Los grabados rupestres son también abundantes, como los de Piedra Escrita en Escullar, la Piedra de La Romana en Castro de Los Filabres o Los Picachos en Lubrín.

Cabe destacar el asentamiento Neolítico de Cueva Mora en Uleila del Campo, el yacimiento del bronce de Piedra de Iyora en Cantoria y los restos argáricos hallados en Gérgal. 

El período fenicio y cartaginés estuvo vinculado a la zona costera por lo que apenas incidió en esta comarca. Los primeros núcleos de población, aunque escasos, corresponden a la colonización romana, como lo pone de manifiesto la fundación de Tagili (Tíjola) y algunos asentamientos en las actuales localidades de Gérgal, Castro de Filabres, Armuña del Almanzora o Fines. Existen restos aislados de gran interés entre los que destaca el acueducto romano de Albanchez.

Fue durante los ocho siglos de dominación árabe cuando se procedió a una auténtica colonización del área, pudiendo afirmarse que la mayoría de las actuales poblaciones se fundaron en dicho período. En la época Nazarí se produjo una nueva tendencia en la ubicación de los asentamientos, ocupando terrenos marginales desde el punto de vista agrícola que respondían a necesidades estratégicas frente a los ataques cristianos; de hecho Almanzora significa en árabe “la bien defendida”.

Esto fue posible gracias a la creación de complejos sistemas hidráulicos de abastecimiento de los núcleos urbanos, molinos, aljibes y acequias subterráneas, así como aterrazamientos artificiales (paratas y bancales), que permitieron el desarrollo de cultivos en los valles intermontanos. 

Castillo de TahalDe esta época medieval quedan numerosos restos de castillos y fortalezas, que confirman su carácter de tierra fronteriza. Entre estos destacan los de Bacares, Benizalón, Benitagla, Castro de Filabres, Chercos, Cóbdar, Líjar, Lubrín, Senés, Sierro, Tahal, Tíjola y Velefique, además de torres de vigilancia como La Torrecilla y la Torre de Los Casarazos en Alcudia de Monteagud, la Torre de Benitorafe o la Torre de Medala en Tahal.

Por último, destaca la existencia de algunos despoblados como los de Benajaumil, Benalguaciles, Jemezí y Medala. Tras la conquista de Granada, por los Reyes Católicos, se procedió a la recolonización del área a partir de “cristianos viejos” y a la expulsión de los moriscos, instaurándose entonces un nuevo orden social y económico que ya ha sido comentado anteriormente.

 

Rutas de interés 

Visitar los pueblos escondidos de Filabres es uno de los espectáculos visuales más reconfortantes y enriquecedores de Almería. La mayoría presentan un aspecto medieval muy parecido al que debieron tener en las postrimerías del siglo XVI.

Además de la extracción de mármol, la economía actual de la comarca se basa principalmente en diversos tipos de aprovechamiento agrícola. En los valles regados por los ríos Almanzora y Nacimiento predomina el cultivo intensivo de frutales, hortalizas y legumbres, mientras que en las tierras del interior el almendro y el olivo constituyen su principal recurso. Si se pretende disfrutar del silencio, la plasticidad y el colorido del paisaje, así como de la amabilidad de sus gentes pueden interesarles los itinerarios que a continuación se proponen.

De Gérgal a Tíjola: Enclavada en la solana de Los Filabres, en Gérgal destacan la Iglesia y el Castillo del S. XVII, así como su rico y apreciado mosto. Desde esta población sale una carretera asfaltada que comunica con Olula de Castro, pequeña población de economía familiar.

Ascendiendo por una pista se llega a Castro de Filabres, precioso pueblecillo en cuya arquitectura destaca el uso de lajas de pizarra y que está rodeado por cultivos de almendros, olivos y alcaparras.

Casa de VelefiqueContinuando este itinerario la próxima parada es Velefique o “balfiqui”, sede de Abú-I-Barcat gobernador árabe de aquellas tierras y constructor de su castillo. Tanto él como su hermano Abú Ishag fueron destacados escritores y filósofos del siglo XIV, según afirmaba D. Fernando Gómez Lara, párroco de la localidad y quizá el mejor embajador de la misma hasta su fallecimiento. Es un pueblo blanco de barrios morunos que en los últimos años está perdiendo su aspecto medieval con la llegada de “nuevos colonos”, poco respetuosos con sus valores arquitectónicos.

Desde aquí podemos ascender a la Tetica de Bacares; su nombre procede de la raíz bereber “tuc”, que significa “el mirador”; de hecho, desde este lugar se obtiene una de las mejores panorámicas de la provincia y de la inmensidad de la sierra.

Descendiendo por su cara Oeste se alcanza el pueblo más alto de la sierra, Bacares. Situado a 1.201 m y dedicado al cultivo de frutas y hortalizas y a la ganadería; posee incluso un marquesado originario del siglo XVII y que desde 1981 ostenta D. Francisco Bernaldo de Quirós y Fernández de Córdova.

En dirección Norte se accede a Bayarque, pasando antes por el vivero de La Rosariera. Se trata de un pequeño pueblo con apenas 250 habitantes y rodeado de hermosos barrancos y pinares. Continuando el camino se alcanza el espléndido paisaje de la Cerrada de Tíjola y la propia localidad, famosa por sus fuentes, frutas y gastronomía.

De Calar Alto a Serón: A pocos kilómetros de Gérgal, en dirección a Guadix, una carretera asciende hasta Calar Alto, que con sus 2.168 m es el punto más alto de Filabres. Allí se sitúa el Complejo Astronómico Hispano - Alemán del mismo nombre.

Comenzó a construirse en 1972 bajo el auspicio del Instituto Max Planck y está formado por cinco telescopios de diversos tamaños. En el Catálogo Universal de Cuerpos Celestes figura, desde 1979, la Galaxia “Calar Alto”, la primera gran aportación científica del observatorio, que es uno de los mayores del mundo.

SerónVista invernal de TahalEn dirección Este pronto se encuentra una pista forestal a la izquierda que conduce hacia los Collados del Conde y del Ramal, atravesando densos bosques procedentes de repoblaciones. Dirigiéndose hacia el Norte se llega al poblado minero de Las Menas, hoy convertido en un complejo de turismo rural, y posteriormente a los encinares que anuncian la proximidad de Serón, famoso por su exquisito jamón y presidido por la Iglesia de Nuestra Señora de Los Remedios del siglo XVI. 

Son tantas las rutas y las combinaciones que pueden realizarse, que las anteriores constituyen tan sólo pequeñas pistas para descubrir la inmensidad de esta serranía. No se debe dejar de conocer y visitar Benizalón que permanece anclado en el medievo; Cantoria o “la puerta de la ruta del mármol” con su Palacio de los Marqueses del Almanzora y otros espléndidos edificios como la Casa del Duque del Infantado y del Marqués de La Romana; la coqueta Benitagla antigua “Bani Taglab”; Chercos y su castillo árabe; Cóbdar blanco y casi geométrico que parece sujetar la montaña a cuyos pies se asienta; Escullar y sus sabrosos quesos; Fines y su Iglesia neoclásica de San Sebastián del siglo XVIII; Laroya y sus magníficas panorámicas; el tipismo de Líjar; los hermosos edificios y plazas de Lubrín; Olula del Río y su Iglesia de San Sebastián del siglo XVIII; los impresionantes desplomes de Partaloa; las calles morunas de Senés; el castillo de Tahal, residencia de los Reyes Católicos en 1488; Uleila del Campo con sus casas blancas cubiertas de tejas y de apariencia castellana y tantos otros lugares de este rincón de la Almería escondida.

 

Régimen de protección y actuaciones administrativas

Las actuaciones administrativas que se llevan a cabo dentro de esta comarca, donde gran parte de la superficie corresponde a Montes del Estado de utilidad pública o consorciados con particulares, se han centrado en repoblaciones, restauración hidrológico - forestales, creación de infraestructuras de  uso público como vivacs de alta montaña, refugios, viveros, adecuaciones recreativas y zonas de acampada; caminos forestales, tratamientos selvícolas y prevención de incendios.

Existen también equipamientos de carácter privado orientados a la educación ambiental, como la Granja Escuela y Albergue San Ramón en Laroya o el Aula de la Naturaleza Fítalo en Lubrín, entre otras. 

El Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Almería incluye en su Catálogo de Espacios y Bienes Protegidos a la Sierra de Filabres como Complejo Serrano de Interés Ambiental, afectando total o parcialmente a los municipios de Abla, Abrucena, Albanchez, Alcóntar, Alcudia de Monteagud, Bacares, Bayarque, Benitagla, Benizalón, Cantoria, Castro de Filabres, Chercos, Cóbdar, Fines, Fiñana, Gérgal, Laroya, Las Tres Villas, Líjar, Lubrín, Macael, Nacimiento, Olula de Castro, Purchena, Senés, Serón, Sierro, Sorbas, Suflí, Tahal y Tíjola.

Con la misma catalogación aparece el Conjunto Sierra de Lúcar - Partaloa, que abarca parte de los municipios de Fines, Lúcar, Olula del Río, Partaloa, Purchena, Serón y Tíjola.

Este mismo Plan incluye a la Vega Alta del Almanzora como Paisaje Agrícola Singular, afectando a los municipios de Alcóntar, Armuña de Almanzora, Fines, Purchena, Olula del Río, Serón y Tíjola.

Recientemente la Consejería de Medio Ambiente propuso la inclusión de “Calares de Sierra de Los Filabres” como Lugar de Interés Comunitario –LIC-, con una extensión de 6.630 hectáreas que, por lo anteriormente expuesto, son insuficientes como para garantizar la biodiversidad y riqueza etnográfica del macizo.

Consideramos que dada la gran biodiversidad, los valores paisajísticos, antropológicos y la riqueza en yacimientos arqueológicos que albergan los espacios descritos sería conveniente y decisivo para su conservación eficaz la declaración a medio plazo de gran parte de la serranía como Parque Natural, figura con capacidad jurídica y administrativa, para asegurar la protección definitiva de la misma.