Usted esta aquiGUÍA DEL PATRIMONIO NATURAL DE ALMERÍA / 4. LLANURAS Y SERRANÍAS LITORALES / Serranías del levante almeriense

Serranías del levante almeriense


Panorámica costera de Sierra CabreraDesde Carboneras hasta Pulpí, sin abandonar el marco de la Almería árida, se extiende una amplia franja litoral con más de 100 Km de longitud, jalonada por multitud de playas, calas y acantilados costeros. Al abrigo de las grandes moles pétreas de los Filabres y Alhamilla al Oeste y de María y Las Estancias al Norte, esta gran comarca permanece prácticamente aislada desde el punto de vista geográfico, presentando diferentes serranías, planicies y cuencas sedimentarias, así como el más importante complejo fluvial de la provincia que, aunque austero, ha influido en su riqueza biológica y etnológica.

Cuna de los primeros pobladores de la Península Ibérica, con gran abundancia de yacimientos arqueológicos, ha sido paradójicamente una de las zonas más despobladas y desconocidas de la misma, exceptuando el espejismo decimonónico del “siglo minero” del que tan sólo queda una fantasmagórica arquitectura industrial y una desolación forestal consecuencia, principalmente, de la insaciable voracidad de los hornos de fundición. Durante el último tercio del siglo XX se ha asistido a un importante desarrollo turístico de la mayor parte de sus núcleos costeros que exceden ampliamente un desarrollo sostenible de la zona, así como a un crecimiento agrícola y ganadero en los valles intermontanos y tierras del interior.

Pero además de estos valores en alza, las serranías y las costas del levante almeriense esconden en sus entresijos preciados y preciosos tesoros naturales, como la tortuga mora que aún conserva su último reino en este rincón del Mediterráneo Ibérico.

 

Principales características geológicas

La singular belleza del Río Alías sirve de línea de separación con la serranía de Cabo de GataEs esta amplia franja litoral, presenta diferentes serranías, planicies y cuencas sedimentarias, así como el complejo fluvial más importante de la provincia (ríos Alías, Aguas, Antas y Almanzora).  

Las sierras litorales y prelitorales más importantes están conformadas por Cabrera, Almagrera, Los Pinos, El Aguilón, Almagro, Bédar, Atalaya y Alcornia. Desde el punto de vista geológico la génesis de las estructuras que conforman actualmente este litoral es muy compleja y dispar y precisaría de un análisis sistemático, que queda fuera de los objetivos de esta obra. Entre los promontorios señalados aparecen, en distintas secuencias y abundancia, materiales correspondientes a los mantos Nevado-Filábride, Alpujárride, Maláguide y Ballabona-Cucharón en el caso de Almagrera. Afloramientos de origen volcánico dentro del área, como la Isla de Terreros, Isla Negra, tramos de Cuatro Calas y Pozo del Esparto en Pulpí, así como zonas cercanas a Vera, aumentan la singularidad geomorfológica y paisajística de la comarca.

Sierra Almagrera está constituida por un antiguo horst originado durante la Era Primaria, aislado y separado del resto de las serranías almerienses (Unidad Almagro-Almagrera), y unido geológicamente al complejo Ballabona-Cucharón que se prolonga por la costa murciana. Constituida principalmente por micaesquistos y filitas, esta sierra discurre paralela a la línea de costa, alcanzando una longitud de 8 km y una altitud máxima de 367 m (pico Tenerife). Muy abrupta, se encuentra atravesada por numerosos barrancos que, en la zona litoral, forman acantilados y calas. Sus estratos presentan gran cantidad de grietas y fallas originadas durante el Terciario, como consecuencia del desplome del anticlinal sobre el que se asientan e, indirectamente, por los fenómenos volcánicos de la sierra de Cabo de Gata. El paulatino enfriamiento del magma (que nunca llegó a salir al exterior en esta zona), y la acción de importantes procesos hidrotermales, dieron lugar a los filones metalíferos que otorgaron a esta serranía fama internacional. En este sentido, cabe destacar la presencia de aguas termales muy alcalinas que emanan a más de 50° C, por encima de los 30 m de altura s. n. m. y que constituyeron uno de los principales obstáculos a la hora de la explotación minera. 

La presencia de agua, como en El Dondo, transforma el paisaje vegetalEl más importante de los complejos serranos de la comarca, tanto por su extensión, como por su considerable altura (Mezquita 960 m, Arráez 919 m) que contrasta con la cercanía del mar, lo constituye la Sierra de Cabrera o Sierra Dulce, que se desarrolla en dirección Oeste-Este, entre las localidades de Polopos y de Mojácar respectivamente. Desde el punto de vista geomorfológico puede considerarse a esta serranía como una prolongación natural de Sierra Alhamilla, de la que está separada por el Río Alías; la unión de estas dos moles pétreas se remonta a la Era Primaria, como se pone de manifiesto por la continuidad de los materiales arcaicos que aparecen en el basamento de ambos complejos. El núcleo principal de ambas serranías está constituido por materiales pertenecientes al Complejo Alpujárride, que aflora en forma de micaesquistos en la zona meridional y oriental del promontorio, a las que se les superponen filitas y cuarcitas en el sector Norte y minerales y rocas volcánicas en el Sur, por contacto directo con las estribaciones de la Sierra de Cabo de Gata, mientras que las cumbres y gran parte del flanco Norte se hallan formados por materiales carbonatados. En esta sierra se halló un mineral rico en cobre al que se bautizó con el nombre de cabrerita. Destaca la presencia de fuentes y manantiales de agua dulce, sobre todo en la vertiente Norte, que favorecen la existencia de microclimas. 

El grupo constituido por las Sierras de Bédar, de la Atalaya y de Alcornia, aunque con entidad propia, pueden considerarse como las estribaciones más orientales de la Sierra de los Filabres. Al igual que ésta, están compuestas por materiales intensamente tectonizados pertenecientes al Complejo Nevado-Filábride. Con una altitud media inferior a la de la Sierra de Cabrera (La Atalaya 880 m) y con un perfil más suave y menos agreste, sus ondulados páramos dan lugar a una importante red de drenaje que, como principales elementos del paisaje, incluye el nacimiento del Río Jauto, afluente del Río Aguas, y diferentes fuentes y manantiales. 

La Sierra de Almagro, situada al Este de Huércal-Overa, es un macizo que, pese a su modesta altitud, contrasta fuertemente con las llanuras circundantes. La construcción durante la década de los 80 del Embalse de Cuevas del Almanzora ha cambiado radicalmente la fisonomía de este asolado promontorio, convirtiéndolo en una zona con una fuerte personalidad paisajística y estética. La sierra del Aguilón y de los Pinos precisan de una protección inmediata por sus valores ecológicosPor sí misma, y dada su estructura calizo-dolomítica, actúa a modo de una inmensa esponja que recarga de forma natural los acuíferos colindantes, por lo que tiene gran importancia para la próspera agricultura de la comarca.

La Sierra de los Pinos, del Aguilón y La Cuerda de Las Palomas conforman un pequeño complejo serrano, paralelo a la línea de costa, que cabalga entre los términos municipales de Cuevas de Almanzora y de Pulpí, aislando a la línea de costa de las llanuras sedimentarias interiores. Pertenecientes a las Cordilleras Béticas, con una altitud máxima de 505 m, estas sierras prelitorales están compuestas por diversos materiales de los mantos de la orogenia alpina (Complejos Nevado-Filábride, Alpujárride y Maláguide). Sus cumbres están formadas por calizas y dolomías que le dan un color gris característico. Entre los materiales más representativos que afloran en la sierra destacan además mármoles cremas, areniscas, pizarras, filitas, cuarcitas, margas y conglomerados, entre otros.

Panorámica del litoral de PulpíParte fundamental de esta franja litoral es la compuesta por los pasillos intramontañosos y las formaciones deltaicas que se asientan sobre terrenos sedimentarios de origen Cuaternario, fuertemente erosionados y ricos en restos de fósiles marinos.  Entre estos parajes, destacan las cuencas de Sorbas y de Pulpí, el corredor de Lucainena-Turre y las cuencas de los ríos Almanzora, Antas y Aguas. En estos paisajes sedimentarios sobresalen cerros y pequeñas colinas, denominadas localmente “cabezos”, que suelen ir ligados a elementos biogeográficos y/o históricos relevantes. Existen afloramientos de origen volcánico dentro del área, como la isla de Terreros y Negra, tramos de Cuatro Calas y Pozo del Esparto en Pulpí, así como zonas cercanas a Vera donde el petrógrafo alemán Ossan descubrió en 1888 una nueva especie de roca volcánica, la verita. 

 

Principales carácterísticas botánicas ¿Bosques en el desierto?

Sierra Cabrera aparece modelada por diferentes paisajes agrariosLa mayor parte del área definida queda por debajo de la cota de los 800 m, ocupando el denominado piso Termomediterráneo.

Para los fitosociólogos, la vegetación climácica estaría compuesta por distintos matorrales capaces de resistir un termoclima y ombroclima propios de una región árida, como el lentisco, el espino negro, la coscoja, el cornical, el arto (Maytenus senegalensis) o el palmito. Asimismo, en las cumbres de la sierra de Cabrera, La Atalaya y Bédar, la vegetación climácica habría estado compuesta por encinares.

Sin embargo, existen diversas pruebas que permiten considerar que existieron en el área auténticos bosques xerofíticos, tanto en las serranías, como en las cuencas sedimentarias y pasillos intramontañosos. Un interesante trabajo de los hermanos García Latorre (1996) aporta múltiples datos que pretenden demostrar la existencia de lo que denominan “los bosques ignorados de Almería”. 

Las zonas más inaccesibles aún conservan la vegetación potencial del áreaAsí, en la sierra de Cabrera existía un alcornocal cuyos árboles (Quercus suber) eran explotados comercialmente en el siglo XVIII y del que aún existen algunos pies testimoniales. Dentro del mismo complejo serrano, en el barranco de Tiján, aún sobreviven quejigos (Quercus faginea) que ya existían en la fecha antes indicada.

Asimismo, en alguno de los múltiples yacimientos de la Edad del Cobre y del Bronce que pululan por la comarca, se han detectado restos que permiten confirmar la presencia de diferentes clases de pinos, cipreses (Cupressus sempervirens) y especies pertenecientes al género Quercus, así como de una fauna donde aparecían osos (Ursus arctos), linces (Lynx pardina), corzos (Capreolus capreolus) o ciervos (Cervus elaphus), lo cual indica inexorablemente la presencia de masas forestales. Los cronistas de Pascual Madoz (1845-1850), al hablar de la Sierra de Cabrera comentan ...abunda la caza de perdices y conejos, pocas liebres y algunos zorros y lobos. Y es precisamente este último, el lobo (Canis lupus), un cazador social, predador principalmente de grandes ungulados que habitan en áreas boscosas.

Sierra de Los PinosEstos mismos cronistas indicaban que abundaba la ...caza mayor y menor en el partido judicial de Vera, y citan al lobo en los términos municipales de Mojácar, Antas, Cuevas, Bédar y Carboneras. Estos datos parecen, al menos, poner de manifiesto cierta estrechez de miras de los fitosociólogos que han analizado este rincón del Sudeste ibérico, ignorando incomprensiblemente la existencia de masas forestales en este entorno árido. 

Entre las comunidades arbóreas y arbustivas destacan algunos pinares muy antiguos situados en la sierra de la Alcornia y Bédar, zona Noroccidental de la Sierra de Cabrera, y algunas repoblaciones recientes llevadas a cabo en los Hurtales (Cabrera) o las correspondientes al embalse de Cuevas del Almanzora en la sierra de Almagro.

AlgarroboEn la sierra de los Pinos, dentro del término municipal de Cuevas del Almanzora, se conserva la estructura ecológica de lo que debieron ser los primitivos pinares de la región, con la integración de diversos arbustos y matorrales que lo convierten en uno de los hábitats más singulares y mejor conservados de la comarca.

Pese a su presunta austeridad, la vegetación del área presenta actualmente una flora muy rica, compuesta por más de 1.200 taxones. Esta elevada diversidad botánica se debe a diferentes factores, como la gran variedad de suelos o la presencia de microclimas o áreas especialmente húmedas en algunos barrancos serranos. Siempreviva de Mojácar (Limonium estevei) endemismo que aparece en la rambla de MacenasSin embargo, la mayor parte del área aparece cubierta por matorrales y herbazales. Entre éstos, los más ampliamente distribuidos son los espartales y los albardinales que suelen aparecer formando “mosaicos” con albaidales donde, además de la albaida (Anthyllis cytisoides) y la albaida fina (Anthyllis terniflora), abunda la jarilla blanca almeriense. Otro grupo importante lo constituyen los romerales que suelen aparecer sobre suelos básicos, como los que afloran en buena parte de la sierra de Cabrera. En este grupo, se incluyen diversas plantas aromáticas como el romero (Rosmarius officialis), la ajedrea (Satureja obovata) o la siempreviva amarilla (Helichrysum stoechas), así como el matagallo, la siempreviva morada o la espuelilla del Cabo (Linaria benitoi) endémica del levante almeriense, o de distribución local como la siempreviva de Mojácar (Limonium estevei) que aparece en la rambla de Macenas. Phlomis purpureaEn este sentido el proyecto urbanístico que afecta a este y otros puntos del litoral de Mojácar está destruyendo un hábitat único y de interés internacional.

Los jarales compuestos por la jara pringosa no dejan de ser una rareza dentro de este contexto, ya que constituyen un matorral característico de Andalucía Occidental. Otras especies, comunes en estos hábitats costeros son la mejorana o el cantueso (Lavandula stoechas).  En los roquedales y cantiles se desarrollan comunidades rupícolas que concentran el mayor porcentaje de plantas endémicas como Lafuentea rotundifolia o el rompepiedras (Sarcocapnos enneaphylla ssp. saetabensis) y Cosentinia vellea.  Un hábitat de sumo interés es el formado por las playas y acantilados marinos.

Dentro de esta franja litoral, las zonas volcánicas constituyen biotopos bien diferenciados, ocupando extensiones considerables en del sector Suroeste de la sierra de Cabrera y en otros puntos.

Cambrón Amapola amarilla Siempreviva amarilla

 Entre las especies capaces de colonizar estos suelos volcánicos destaca el cornical (Periploca laevigata ssp. angustifolia), ampliamente representado en el litoral almeriense, acompañado por otros arbustos como el palmito y matorrales espinosos como el cambrón y el arto. Sin embargo, las comunidades más abundantes están compuestas por tomillares, entre los que destaca la hiel de la tierra del Cabo (Teucrium charidemi), endemismo compartido con la sierra de Cabo de Gata. Sin estar necesariamente circunscritas al sustrato volcánico, aparecen multitud de plantas, como la siempreviva morada, la margarita de mar (Asteriscus maritimus) y la colleja de playa (Silene littorea). Durante el verano, florece en la arena de algunas playas, como la de Los Nardos en Pulpí, la azucena de mar (Pancratium maritimum). Sobre los arenales costeros aparecen plantas de amplia distribución, como la amapola amarilla (Glaucium flavum).

 

Fauna

Triguero Abubilla Halcón peregrino (hembra)

Desde el punto de vista ornitológico, algunos de estos espacios, así como zonas de cultivo abandonadas, especialmente los de la cuenca interior de Pulpí, constituyen el hábitat preferido por las aves esteparias, donde nidifican la canastera (Glareola pratincola), la totovía (Lullula arborea), así como el resto de especies descritas en los Tabernas, Sierra Alhamilla y Sorbas, sin que se tenga constancia de la presencia en época de cría de la alondra de Dupont. También están presentes otras especies ligadas de este tipo de hábitats como la avefría (Vanellus vanellus), el triguero (Miliaria calandra), destacando en los campos de cereal la presencia de la codorniz (Coturnix coturnix) y aves con cierto grado de antropofilia como el estornino negro (Sturnus unicolor), la golondrina común (Hirundo rustica) o el avión común (Delichon urbica).

Los vertebrados que pueblan o visitan las playas y acantilados marinos están representados por aves acuáticas. En las playas menudean durante el invierno bandos de limícolas compuestos por diversas especies de correlimos (Calidris sp.), zarapitos (Numenius sp.), así como ostreros (Haematopus ostralegus) y vuelvepiedras (Arenaria interpres). Durante el periodo invernal pueden aparecer el frailecillo (Fratercula arctica) y el alca (Alca torda), u otras de mayor porte, como los cormoranes grande (Phalacrocorax carbo) y moñudo (Phalacrocorax aristotelis), que descansan en los acantilados rocosos, o el alcatraz común (Morus bassanus). Durante el invierno pueden verse las gaviotas sombrías (Larus fuscus), mientras que las reidoras (Larus ridibundus), las de Audouín y las patiamarilla permanecen a lo largo del ciclo anual, nidificando esta última en diferentes puntos del litoral.

Es frecuente observar a charranes como el común (Sterna hirundo) y el patinegro (Sterna sandvicensis) buscando alimento sobre el mar. Por último, merece la pena resaltar la presencia, durante los pasos migratorios, de grandes rapaces como el águila pescadora (Pandion haliaetus), el halcón de Eleonora (Falco eleonorae) o el milano negro (Milvus migrans). 

 

Del legado prehistórico a la realidad histórica

Playa de Los CocedoresLos yacimientos arqueológicos que aparecen distribuidos y diseminados a lo largo y ancho del levante almeriense, convierten a esta gran comarca en punto obligado a la hora de estudiar y de analizar la presencia del hombre durante la prehistoria en el contexto de la Península Ibérica. Intentar realizar una descripción detallada de tan prolija temática, requeriría un estudio exclusivo y altamente especializado que no pretende ni persigue una obra de carácter divulgativo como ésta. Sin embargo, sí es posible y recomendable establecer una aproximación esquemática a lo que fueron los primeros pasos del hombre en el Sudeste ibérico. 

Hablar de arqueología en Almería implica necesariamente nombrar a Luis Siret, ingeniero belga cuyas obras más recordadas no son precisamente las vinculadas a la ingeniería comarcal de finales del siglo XIX y principios del XX, en las que participó activamente, sino el descubrimiento de multitud de yacimientos prehistóricos y de dos “culturas almerienses”: el Argar y los Millares.

Enterramiento de la Cultura ArgáricaLos restos más antiguos hallados en la comarca se remontan al Paleolítico, como las puntas y láminas de sílex encontradas en la Cueva del Serrón (Antas), con una antigüedad que oscila entre los 100.000 y los 15.000 años a.d.C., abarcando desde el Paleolítico Medio hasta el Superior. Corresponden al período Musteriense los restos hallados en la Cueva de la Zájara I y al Paleolítico Superior, los raspadores y buriles encontrados en la Cueva de la Zájara II, ambas en el término municipal de Cuevas de Almanzora.

Pequeñas ocupaciones, con un carácter menos nómada que las anteriores, y que presentaban un incipiente desarrollo de la agricultura y la ganadería caracterizaron al periodo en Neolítico en la región (4000-3000 a.d.C.). El asentamiento mejor conocido lo constituye Cuartillas, en el bajo Aguas.  Restos Neolíticos dispersos aparecen también en la Sierra de Cabrera (Cueva del Barranco de Mahoma, Cuevas de La Palmera, Cueva del Cerro de las Minas) o en la Playa de Los Cocedores (Pulpí), donde Siret encontró un fantástico hacha de diorita y una hoja de pedernal. En Antas destacan asentamientos del Eneolítico, como El Aljoroque donde aparecieron objetos de piedra tallados y pulimentados, así como silos para el almacenamiento de grano; y La Pernera donde se halló un idolillo de pizarra actualmente expuesto en el Museo del Cincuentenario de Bruselas. 

El Calcolítico, identificado en esta región con la Cultura de los Millares (3000-2250 a.d.C.) se caracterizó por una sedentarización de las poblaciones agrícolas y ganaderas y el desarrollo de una primitiva artesanía y metalurgia del cobre, dentro de una estructura social compleja y jerarquizada. A esta época corresponden los yacimientos de las Pilas, Campos y Almizaraque, situados en Sierra de Cabrera, así como algunos enterramientos hallados en los alrededores de Turre, como los de la Casa Alta, la Cañada del Palmar y Albolunca.

La Cultura del Argar (2300-1550 a.d.C.) confiere una personalidad propia a esta comarca, encontrándose enmarcada en la Edad del Bronce. Se caracterizó por el desarrollo social y político de sus poblamientos. Se trataba de verdaderas ciudades organizadas y con diferenciación de clases sociales. El asentamiento por excelencia y que da nombre a esta cultura es El Argar (Antas), donde Siret desenterró más de un millar de tumbas, encontrando en algunas de ellas hermosísimos ajuares funerarios. A esta misma cultura pertenecen también Lugarico Viejo (Antas), Fuente Álamo en la Sierra de Almagro y Cabezo del Oficio en la Sierra del Castillarico (Cuevas del Almanzora), San Miguel (Overa), Barrancos de La Ciudad (Mojácar), Gatas, La Losa y La Parralera en la Sierra de Cabrera (Turre) y tres yacimientos situados en los márgenes de las ramblas que atraviesan el municipio de Pulpí. 

Los fenicios, atraídos por los yacimientos metalíferos de la zona, fundaron alrededor del siglo VI a.d.C. la ciudad de Baria, la actual Villaricos, que se convertiría en el centro económico y político de la comarca. Asimismo, crearon otros pequeños núcleos entre los que destaca el Cabecico de Parra. Cartagineses y posteriormente romanos fueron ocupando estas ciudades y fundaron otras nuevas, como el poblado ibero-romano de Cádima, continuando con los aprovechamientos minerales y desarrollando la agricultura. La entrada en la escena de los visigodos supuso el desmoronamiento social previo, ubicándose la principal población de la época en el Cerro de Montroy, cerca de Baria; restos de este periodo también han aparecido en la Isla de Terreros. 

La llegada de los árabes a la comarca a partir del año 750, supuso importantes cambios sociales y económicos que, con el tiempo, se transformaron en el desarrollo de una sofisticada agricultura de regadío que permitió la puesta en funcionamiento de tierras hasta entonces estériles y el abandono de la minería como principal recurso económico. En la ubicación de las poblaciones predominaron, sobre todo, criterios estratégicos y de defensa. Durante el periodo mozárabe existieron diferentes asentamientos en la Sierra de Cabrera, como los situados en los Cerros de Tiján, Inox, Las Palomas y en las proximidades de las cortijadas de Las Carrascas y de Mófar; todos ellos quedarían despoblados tras la expulsión de los mozárabes. Durante el Reino Nazarí de Granada se poblaron nuevas localidades como Turre, a partir de gentes venidas de Mojácar, y dos importantes núcleos situados en la Sierra de Cabrera, Teresa y Cabrera, que quedarían abandonados en 1570 tras la guerra de las Alpujarras. 

La conquista cristiana, a partir del siglo XVI, supondría una profunda transformación económica y social. De una agricultura de subsistencia se pasaría a un modelo latifundista cuyo objetivo principal era la creación de excedentes de grano, aún manteniendo un escaso poblamiento, y que continuaría prácticamente hasta el siglo XIX. Las grandes extensiones de terrenos dedicadas al cultivo de cereales de secano y roturaciones de áreas forestales debieron tener una nefasta influencia sobre los bosques preexistentes, que se encontraban en el límite de su estrés hídrico, constituyendo ecosistemas realmente frágiles.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII hubo una oleada de incendios forestales provocados con la intención de aumentar la superficie para cultivos; así mismo, el carboneo para fines comerciales alcanzó durante el mismo periodo niveles muy importantes, hechos que sin duda contribuyeron decisivamente a la deforestación de amplias zonas. Los incendios forestales intencionados continúan siendo actualmente una de las causas más importantes de pérdida de monte bajo y matorral en la Sierra de Cabrera. 

 

Influencia del “siglo minero” en el levante almeriense 

Galena argentífera, base de la economía minera decimonónicaEl descubrimiento casual de una veta de galena argentífera en el barranco del Jaroso durante 1838, por parte de un labrador de Cuevas (Andrés López, alias “El Perdigón”), supuso el inicio de una frenética actividad extractiva a gran escala. A las minas de plomo de la Sierra de Gádor, que ya se encontraban en explotación y que serán comentadas en el capítulo correspondiente, se les añadió de esta forma la producción de la galena argentífera de Almagrera, convirtiendo a Almería en uno de los puntos neurálgicos de la minería y metalurgia mundiales a mediados del siglo XIX. Entre las minas más ricas y que arrojaron mayores beneficios destacaron “Esperanza”, “Estrella”, “Observación” o “Virgen del Mar”. También se crearon importantes infraestructuras metalúrgicas para la desplatación y fundición del plomo en Villaricos, Palomares y lo que después acabaría siendo Garrucha. 

Todo este proceso estuvo acompañado por movimientos especulativos y operaciones fraudulentas sin precedentes; así, desde 1839 hasta 1845 se realizaron en España más de 13.000 transferencias de acciones de las minas de Almagrera, alcanzando un valor en el mercado financiero superior a los 60 millones de reales. Sin embargo, las grandes “fortunas” quedaron en manos tan sólo de unos pocos accionistas como Abellán Peñuela, Anglada, Orozco o Soler. Pero no fueron estos problemas financieros los que socavaron el desarrollo del complejo minero, sino otros de carácter técnico; en 1847 comenzaron a inundarse diversas galerías por los motivos expuestos en la introducción geológica. Bombear ingentes cantidades de agua hacia el exterior de las mismas se convirtió en el primer escollo para los ingenieros de la época, situación que se mantuvo hasta el cierre definitivo de las minas. Con la llegada del siglo XX la minería del plomo y la plata almeriense entró en una profunda crisis debido a diferentes parámetros, entre los que pueden destacarse la irrupción en el mercado europeo del plomo Norteamericano, la insuficiente dimensión de las explotaciones y las dificultades técnicas para el desagüe de las minas ya mencionadas. 

Importantes fueron también las actividades mineras ligadas a la extracción de otros minerales como el hierro, llevadas a cabo en distintos lugares de la comarca entre los que cabe destacar la Sierra del Bédar. El cierre de las mismas, que fue posterior a las de plomo y plata, supuso un despoblamiento muy importante del municipio de Bédar; así, de los más de 8.000 habitantes con los que contaba a finales del siglo XIX, actualmente mantiene una población de 536 vecinos, en su mayoría ciudadanos de otros países europeos. 

Desde el punto de vista ambiental, la actividad minera decimonónica supuso el acta de defunción para las últimas masas forestales que aún quedaban en el área. La voracidad de los hornos de fundición acabó rápidamente con los exiguos bosques de las serranías adyacentes como Almagro o Cabrera. Según Sánchez Picón (1996), a mediados del siglo XIX en la Sierra de Almagro y en el resto de las estribaciones orientales desaparecen los bosques de coníferas. En este sentido, cabe destacar la necesidad que tuvieron las fundiciones de plomo de importar carbón vegetal de otros puntos, como las Islas Baleares y de utilizar el “coke” inglés, dada la intensa deforestación a la que había sido sometida la zona “... tanto más cuanto que ha desaparecido el arbolado hasta el de olivos, por haberlo empleado en combustible de las fundiciones” (Madoz 1845-50). Otro hecho que indica de la escasez de madera en la comarca era el uso habitual de mampostería y viguetas para mantener las estructuras de las galerías, situación poco frecuente en el resto de las comarcas mineras de la provincia. 

Sin lugar a duda, las explotaciones mineras de Sierra Almagrera contribuyeron a la “definitiva” deforestación de las Sierras de Almagro, Cabrera y Bédar. Sin embargo, no se puede realizar este análisis sin tener en cuenta otros factores que influyeron decisivamente en la pérdida de la masa forestal preexistente. El incremento sin precedentes de la población humana en la comarca, atraída por la minería y actividades colaterales, supuso una importante presión sobre el medio; así, se multiplicaron las áreas de cultivo, se roturaron terrenos forestales y se asistió a nuevos usos del monte como la recolección masiva de esparto, demandada entonces por la industria papelera inglesa. 

 

Realidad social

Los municipios asentados en esta franja del litoral mediterráneo, como Antas, Bédar, Cuevas de Almanzora, Garrucha, Los Gallardos, Mojácar, Pulpí, Turre y Vera, han sufrido cambios socioeconómicos radicales durante el siglo XX. Después del derrumbamiento de la minería, tanto del plomo, como posteriormente del hierro, la comarca soportó un éxodo muy importante de sus pobladores, los cuales emigraron a distintos puntos de Europa, América y España. 

El desarrollo del “turismo de sol y playa”, con el “descubrimiento” de Mojácar, ha constituido un punto de inflexión histórico para la zona, transformándose en lugar de encuentro y residencia para ciudadanos de diferentes partes del mundo.

Durante las últimas décadas la economía comarcal ha girado en torno al sector servicios que continua en auge, afectando a la mayoría de los municipios a excepción quizá de Los Gallardos, que se ha transformado en un “pueblo dormitorio”.

Además de Mojácar y “Mojácar Playa”, destacan otras urbanizaciones costeras como Puerto Rey, Puerto Laguna y Las Marinas en Vera, e incluso serranas como Cortijo Grande y Cortijo Cabrera en Turre, así como la reactivación turística de antiguos asentamientos como Terreros (Pulpí), Sopalmo (Mojácar) y Villaricos (Vera); en esta última localidad (Villaricos) destacan otros sectores como el pesquero, con una flota de casi setenta barcos, además de contar con un puerto deportivo.

Aunque todavía tímidos, existen proyectos y realidades concretas basadas en el desarrollo del turismo rural que, dentro de este entorno, posee recursos casi ilimitados (fauna, flora, paisaje, fondos submarinos, yacimientos prehistóricos, etnología...). La potenciación de este tipo de oferta turística de bajo impacto, es un bien en alza que está siendo demandado por un número cada vez más elevado de ciudadanos, tanto nacionales, como extranjeros. 

La agricultura, de subsistencia en la mayoría de los casos, dedicada al cultivo de cereales de secano, olivos, almendros y, en menor medida, a cítricos y productos de huerta está dando paso a una “industria agrícola” que, hasta hacía poco, tenía su mayor exponente en Pulpí con el desarrollo de cultivos extra tempranos. Durante los años ochenta, la construcción del Embalse de Cuevas de Almanzora, antigua aspiración de la comarca, ha permitido la transformación de amplias zonas de cultivos de secano en regadío, potenciado el desarrollo del cultivo bajo plástico (invernaderos) que progresivamente va aumentando, tanto en extensión, como en volumen de producción.

El sector ganadero, con la aplicación de la Política Agraria Comunitaria, ha visto multiplicada su cabaña de caprino y ovino, aunque el porcino sigue constituyendo pieza clave dentro del mismo, planteando algunos problemas ambientales como la eliminación inadecuada de purines. 

La industria está concentrada en dos puntos: por un lado, cerca de Villaricos, se encuentra una central química de derivados del etilo; por el otro, en Carboneras se concentra uno de los polos industriales más importantes del mediterráneo europeo, con cementeras y centrales térmicas. De su adecuada gestión y del estricto cumplimiento de la legalidad vigente en cuanto a protección ambiental, dependerá en gran medida el futuro y buen desarrollo de los demás sectores dentro de este privilegiado entorno. 

 

Rutas de interés

Atreverse a dar consejos para la visita de una zona tan extensa como ésta no deja de ser una osadía por parte de los autores que, sin duda, dejarán en el tintero mil y un fantásticos lugares. En cualquier caso, corresponde al viajero preguntar a esos “libros amables” que son los paisanos de la comarca, auténticos conocedores de su entorno, acerca de los secretos que guardan estos parajes. 

Torre vigía de El PerulicoPor la Costa: Para obtener una visión general de esta amplia franja litoral se puede realizar un recorrido pausado en coche, desde Carboneras, hasta San Juan de Los Terrenos (Pulpí). Tras salir de Carboneras aparece una de las carreras costeras más singulares del Mediterráneo ibérico, donde el mar y la Sierra de Cabrera son los protagonistas. A los pocos kilómetros de pasar el pintoresco barrio Sopalmo se divisa en la costa la Torre de Macenas (siglo XVIII) desde la que se accede a playas y a calas de inigualable belleza, presididas por una torre vigía de la época Nazarí, El Perulico. Deshaciendo el camino pronto se llega a Mojácar, pueblo blanco de indiscutible belleza y “sabor” árabe, que ofrece, encaramado en un cerro, excelentes vistas del entorno e invita a pasear por sus estrechas callejuelas. Volviendo a la carretera de la costa, tras atravesar Garrucha, se llega a la urbanización de Puerto Rey, donde se encuentra la desemboca el Río Antas, lugar frecuentado por diversas especies de aves acuáticas. A partir de Villaricos, tras dejar atrás la desembocadura del Río Almanzora, aparece Sierra Almagrera que ofrece espectaculares panorámicas y excelentes calas. En San Juan de Los Terreros destaca su castillo desde cuyos acantilados se observan, tanto la Isla de Terreros, como Isla Negra. Continuando por la costa se accede a algunas de las playas más hermosas de la provincia, como la de Las Palmeras o la de los Cocedores, en el límite con la provincia de Murcia. 

Por el interior: Desde Turre parte una pista que llega hasta “La Carrasca”, donde se obtienen inigualables vistas de la Sierra de Cabrera. También se puede acceder al complejo serrano a través de Cortijo Grande y Cortijo Cabrera, este último asentado sobre el antiguo poblado Nazarí de Cabrera. La carretera que une Turre con Los Gallardos ofrece espléndidas vistas del Río Aguas en cuyo cauce se conservan ruinas de antiguas norias, pudiéndose visitar las ruinas del poblado ibero-romano de Cádima que se sitúa en la ribera derecha, accediéndose a través de una pista señalizada. Desde esta última localidad se puede llegar a Antas, donde sería aconsejable visitar el yacimiento prehistórico del Argar, el Acueducto Real y el Cabezo de María. Antas es un pueblecillo serrano de indudable interés, inmerso en un ambiente rural y agrícola de alto valor estético y paisajístico. Desde Cuevas de Almanzora, donde destacan su Ayuntamiento (1844), el Castillo del Marqués de los Vélez (siglos XVI - XVII) en el que recientemente se ha inaugurado un museo arqueológico y algunas casas señoriales producto de la minería decimonónica, se puede acceder a la presa del embalse del mismo nombre, lugar desde el cual se obtienen espectaculares vistas de la Sierra de Almagro y del Bajo Almanzora; existe una pista que bordea el embalse hasta la localidad de Overa, no siempre en condiciones adecuadas para circular sobre ella.

Desde San Juan de los Terrenos transcurre una carretera hasta Pulpí por el Pilar de Jaravía, donde aparece un hermoso palmeral; desde aquí se llega a los llanos de Pulpí, tras atravesar La Sierra del Aguilón; en esta última localidad se puede preguntar cómo llegar hasta la Sierra de los Pinos desde la pedanía de La Fuente; seguro que merecerá la pena. 

 

Régimen de protección

Dentro del Plan Especial Protección del Medio Físico de la provincia de Almería se sugiere la protección de algunos de los relieves descritos; así, las Sierras de Cabrera y de Almagro aparecen catalogadas como Complejos Serranos de Interés Ambiental, al igual que la de Almagrera que además está afectada por la normativa particular de Paraje Sobresaliente en su zona litoral. 

Tortuga moraEn 1996, la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Medio Ambiente, propuso la declaración del Parque Natural de las Sierras de Cabrera y Bédar, incluyendo parte de los términos municipales de Bédar, los Gallardos, Lubrín, Lucainena de las Torres, Mojácar, Sorbas y Turre,  ocupando una superficie aproximada de 36.250 hectáreas.

En ese mismo año se presentó una propuesta inicial del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales para dicho espacio protegido, no llegando a prosperar y quedando paralizado por “la fuerte contestación social” según argumentaron los responsables políticos. Lo cierto es que se produjeron fuertes confrontaciones en el plano político y algunos aprovecharon este “estado de confusión” para difundir todo tipo de rumores infundados.

Por otro lado, también es cierto que la administración responsable del proyecto pudo y debió informar con más detalle y durante más tiempo de los objetivos y repercusiones del plan que, en un cualquier caso, supondría una mejora substancial en el ámbito socioeconómico dentro de la comarca y garantizaría la protección, la conservación y el disfrute de los valores ecológicos, paisajísticos y etnológicos de gran parte del área. Es necesario retomar el diálogo y negociar puntualmente el modelo de conservación y gestión que puede y debe hacerse por respeto, tanto a las generaciones presentes, como a las futuras. 

En el entorno se encuentran los LICs de Sierra de Cabrera–Bédar, Fondos Marinos del Levante Almeriense, Sierra del Alto de Almagro, Sierras de Almagrera, de Los Pinos y del Aguilón, Rambla de Arejos y Río Antas, los cuales, en conjunto, suman una superficie aproximada de 52.184 hectáreas. Los actuales planes de desarrollo urbanísticos de la comarca son incompatibles con el desarrollo sostenible.